VERSIÓN DEL CÍCLOPE*

•abril 2, 2014 • Dejar un comentario

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He visto manadas de tigres desolladas

las he visto pacer y nadie las explica

(a media tarde mi amante vuelve a casa

y confiesa su odio con dulzura)

 

nunca he usado esos puñales

que me dieron a beber una navidad ya rancia

con el aroma de un campo de magnolias

vistas antes de clarear

 

sobre otra paz cubierta de sangre está la almohada

y las ovejas pastando desoladamente sobre ella

pues el silencio es origen de toda desolación

sólo yo vi aquellas manadas que nadie corrompe

reposando bajo el sol bajo los labios del verano

(hago hincapié en el gesto espontáneo

de no alzar la cabeza aunque el cielo siga ahí)

 

si hubo un tiempo posterior

tal vez sea este:

nadie explica los dardos que pasan

uno tras otro como en una fila interminable

se extinguen hasta el cansancio

desolladas verdades como ilusiones vagas y transitorias.

 

Félix Hangelini

Barcelona, 7 de diciembre de 2003

 

* Poema inédito de Félix Hangelini no recogido en ninguno de sus libros de poesía anteriores.

La claridad en el abismo

•enero 26, 2014 • 7 comentarios

Ha sido publicado el volumen La claridad en el abismo. La construcción del sujeto romántico en la poesía de Luisa Pérez de Zambrana de Félix Ernesto Chávez (Verbum, 2014). La edición estuvo al cuidado de Yoandy Cabrera y Milena Rodríguez.

Como presentación del libro, resultado de la tesis doctoral de Félix Ernesto, publicamos la nota de los editores:

 

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NOTA DE LOS EDITORES

Dentro del “bosque escrito” (como le gustaba llamarla a su autor) que constituye la obra de Félix Ernesto Chávez López (La Habana, 28 de octubre de 1977-México D.F., 11 de junio de 2012), su tesis doctoral sobre Luisa Pérez de Zambrana ocupa un lugar fundamental: se trata del estudio investigativo y ensayístico más exhaustivo, acabado y profundo que logró realizar el autor en su corta vida, truncada trágicamente a los 34 años.

Dos facetas esenciales había en Félix Ernesto Chávez: el poeta, que se dio a conocer bajo el pseudónimo de Félix Hangelini, y el investigador y ensayista que firmó trabajos y artículos con su propio nombre. Aún podríamos hablar de una tercera, la del profesor que impartió docencia en la Universidad de La Habana, en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Universidad Autónoma de Madrid.

La tesis doctoral de Félix Ernesto Chávez gira en torno a Luisa Pérez de Zambrana, figura canónica de la literatura cubana del siglo XIX, la autora de las llamadas “Elegías familiares”, la poetisa “obediente”, al decir de Cintio Vitier, la que perdiera a su esposo y a sus cinco hijos y escribiera para ellos, en medio de ese “abismo” existencial y personal, intensos, trágicos, hermosos poemas; una mujer que quizás atrajo a Félix Ernesto Chávez porque halló en ella cierta cercanía con otra escritora muy admirada por él, Emily Dickinson.

El trabajo de Félix Ernesto Chávez en torno a Luisa Pérez de Zambrana abarca la vida y la obra de la escritora, pues, ante la carencia de una biografía, fue  decisión del autor documentar la vida de Luisa Pérez y de sus familiares y descendientes, poniendo en claro fechas, datos, nombres, acontecimientos significativos. Esta tarea minuciosa, detallada, que constituye la primera parte del estudio, supuso para Félix Ernesto Chávez un arduo trabajo realizado en diversos lugares de Cuba e implicó la consulta de documentos históricos, certificados de nacimiento, actas de defunción, legajos y testamentos, muchos desconocidos hasta hoy, y que el autor encontró en archivos, bibliotecas, parroquias, centros históricos y de investigación. La segunda parte del estudio está dedicada a la lectura de la obra lírica de Pérez de Zambrana desde el concepto de “sujeto romántico”, explorando y poniendo en relación vida y obra, examinando los términos de autor y de sujeto lírico, acercándose a los poemas de Luisa Pérez a través de las diferentes auto-representaciones que ella construye de sí misma: la hija, la esposa, la hermana, la madre, la patriota… Textos esenciales de Luisa Pérez, como “La vuelta al bosque”, o “La noche en los sepulcros” y, en general las célebres “Elegías familiares”, son analizados cuidadosa, sagazmente por Félix Ernesto Chávez, quien también  se acerca, sin embargo, a otros poemas menos conocidos de la escritora, como los que dedicara a la Virgen de la Caridad del Cobre o los que escribiera para sus nietos y bisnietos. Asimismo, se apunta aquí un interesante, sutil matiz, en torno a la idea de la obediencia de Luisa Pérez señalada por Cintio Vitier, matiz que, a nuestro juicio, revela la intuición y la hondura de la investigación y de la perspectiva de análisis del autor.

Desgraciadamente, Félix Ernesto Chávez no tuvo tiempo suficiente para revisar esta tesis para la publicación, un proyecto que constituía, en el momento de su muerte, nos consta, uno de sus principales propósitos. Es muy probable que, de haber podido, el autor hubiera reescrito algunos capítulos, hubiera reelaborado o incluso suprimido algunas ideas. Pero era a él, y a nadie más, a quien correspondía esta labor. Por respeto a su memoria, hemos preferido publicar la tesis tal como él la dejó, limitándonos exclusivamente a cotejar páginas, nombres, referencias y a realizar sólo aquellas correcciones, cambios y modificaciones que hemos considerado imprescindibles.

El 6 de octubre de 2010 la tesis de Félix Ernesto Chávez, dirigida por la Profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona Meri Torras y codirigida por el Profesor Hervé Le Corre, de la Universidad de la Sorbonne Nouvelle Paris 3, fue leída en la Universidad Autónoma de Barcelona y evaluada por un Tribunal integrado por Helena Usandizaga, Christilla Vasserot y Milena Rodríguez Gutiérrez, recibiendo la calificación de sobresaliente cum laude.

Sin dejar de ser un estudio académico riguroso, este trabajo es, también, por su estilo y por su escritura, un ensayo en el que se reconoce la voz de un escritor y de un poeta. Creemos que Félix Ernesto Chávez construye un relato ameno, atractivo para el lector, donde logra unir la biografía y la lírica de Luisa Pérez de Zambrana con fluidez y elegancia. Pensamos que el autor busca y alcanza un equilibrio entre lo histórico, lo biográfico, lo literario-analítico y lo poético.

Queremos, por último, agradecer a Lidia López Padrón, la madre y heredera del autor, por la confianza depositada en nosotros. Hace apenas un mes la obra poética inédita de Félix Hangelini se publicó en la Editorial Hypermedia bajo el cuidado de Yoandy Cabrera. Hoy la Editorial Verbum recoge la principal labor investigadora de Félix Ernesto Chávez. Todas estas páginas (abundantes, hermosas, excelentes en una vida fértil de apenas 34 años) nos devuelven, de algún modo, a Félix, al poeta, al ensayista, al investigador, al hijo, al amigo. Adéntrense los lectores en este “bosque escrito”, deténganse en sus árboles y en sus frutos, en su claridad y en sus abismos. No hay en realidad uno sino dos, dos bosques que se cruzan, el bosque de Luisa y el bosque de Félix, y están aquí, esperándonos.

 

 

                                               Yoandy Cabrera y Milena Rodríguez, octubre de 2013.

El bosque escrito (poesía reunida)

•octubre 31, 2013 • 14 comentarios

No he podido avisar a todos los amigos, conocidos, lectores de Félix de esta fabulosa noticia:

Su poesía reunida ya está disponible  en Amazon. La pueden pedir en el siguiente link o dando click sobre la imagen, al final de esta entrada:

EL BOSQUE ESCRITO. POESÍA REUNIDA.

Personalmente ha sido un libro que me ha costado no solo tiempo y revisión sino mucho dolor. Sobreponerse a la pérdida de un amigo, de casi un hermano y comenzar a escribir sobre su obra, a leerlo yo mismo en calidad de filólogo, de lector especializado, en medio del sufrimiento ha sido la más ardua tarea que me he impuesto hasta hoy. Pero Félix lo merece, y merece más.

Este libro es como un raro milagro, de algún modo Félix vive en él, se materializa en estas páginas. Su poesía tiene una intensidad y una fuerza que nos supera(rá) a todos. Esa es su victoria.

Posiblemente él nunca hubiera permitido una entrada como esta en su blog, pero aquí estamos sus amigos y su madre, que nos contamos entre sus más fieles lectores, para hablar sobre su persona y su obra.

Al cerrar el volumen de su poesía reunida, no he podido hacer otra cosa que escribir, seguir escribiendo y seguir leyéndolo. Haber leído y releído a Brodsky me permitió despejar tensiones, poder hablar de Félix también en calidad de testimoniante, por lo que tengo en proceso un largo texto donde relaciono poesía y vida, amistad y escritura.

Creo que como filólogo, como exégeta he cumplido en parte al compilar y prologar su poesía de un modo académico. Ahora me corresponde hablar de Félix en calidad de amigo, y de la relación que puede existir entre su modo de vida y su poética.

La aventura continúa. Félix, literariamente, casi acaba de nacer. Guardaba con celo y resistencia toda la poesía que hoy damos a conocer y que será el germen de nuevos estudios y reflexiones.

Bienvenidos todos a estas arterias palpitantes y desconocidas de su bosque escrito y gracias por el apoyo de amigos como Johnny, Sandra, Mónica, Ana, Carme, Illa y familia, Juan Luis, Samuel, David, Rafael Díaz Casas, Carlos Pintado, George Riverón, Milena Rodríguez…

Lidia y yo les agradecemos enormemente.

Yoandy Cabrera

Editor

 

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Lento y múltiple

•octubre 28, 2013 • 1 Comentario

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De haberme quedado
al menos una línea insignificante
mi luz sería otra
y no este extenso laberinto de voces
representando un hábito terrible
en el estrado del deseo que llega
donde he visto un viento
tan parecido a ti que casi me reduce
como en los tiempos cuando un fino trazo dibujaba
mi espalda
dejándome saber
que era imperio hecho para tus ojos
y mis venas vacías
dorando esa parte de mi cuerpo que nadie comprende

he llegado a pensar
que si hubo más de mi imagen fue pura coincidencia
en los prados amarillos
entre aquellas espadas que nos enlazaban
que si hubo algo absoluto incomprensible
fue la estrategia
de mostrar un mundo que nos era prohibido
la vastedad en un vistazo
que nos dejó ciegos
cuando todo parecía indicar que una puerta se abriría
en el remanso de ese mundo dispuesto para la mano
el caer de los párpados negó todo mapa
y apenas cupe en esta letanía
lento y múltiple
en los umbrales donde una historia feliz me confunde.

 

Barcelona, 31 de octubre de 2003

Félix Hangelini

 

Tomado de: Félix Hangelini. El bosque escrito (poesía reunida). Editorial Hypermedia, Madrid, 2013, p. 286.

 

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“He tratado de escribir sobre el extranjero…”

•septiembre 29, 2013 • 5 comentarios

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He tratado de escribir sobre el extranjero que llega. Me he abierto una herida en el cuello, he hundido la mano mientras removía la sal con el reloj, una disposición cerrada había en la sangre. Es difícil hallar frases dentro, o una forma mecánica de encadenar el mundo a tus ojos. Es difícil enunciar esa soledad del extranjero cuando entra al bosque, porque el bosque a veces finge, y a veces tampoco existe, y a veces el extranjero que llega se parece a mi imagen y a veces también soy yo, y entonces ¿cómo podría escribir sobre mí mismo sin mentirles?

El bosque escrito (poesía reunida)

•agosto 15, 2013 • 19 comentarios

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Bajo el título de El bosque escrito (volumen homónimo a este sitio y nombre de uno de los poemarios inéditos de Félix) la Editorial Hypermedia ha reunido la mayor parte de la poesía que he encontrado (con la ayuda de Lidia, madre de Félix) entre los archivos personales y la papelería de nuestro amigo y poeta.

El primer libro que Félix publicó en vida fue La construcción de las olas, ganador del premio Calendario de Ensayo en 2002. Se presentó al certamen porque partiría hacia España y quería dejarle dinero a su madre. Así lo hizo. El segundo libro (su primer poemario publicado y único conocido por el lector hasta hoy) mereció el Premio de la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía destinado a jóvenes creadores en 2005. Fue de nuevo la necesidad económica, las carencias padecidas en un país extranjero, las que lo impulsaron a presentarse al certamen.

Félix no tenía ni el más mínimo interés en publicar su obra lírica, la veía como un acto íntimo, inevitable, que compartía entre los amigos y con las personas que amaba. Pero no es poesía que él escribiese pensando, al menos en primera instancia, en su publicación. Por ello considero que la lírica de Hangelini pertenece, como la obra de Emily Dickinson, a lo que Emerson llamó “la Poesía de Portafolio”: aquella que nace por una necesidad de expresión natural en el poeta y que no busca o pretende como fin ser publicada. Por esa misma razón no leyó nunca Félix en público su propia obra, no le interesaba, no le parecía ni necesario ni positivo imponer su cadencia o su tono a un texto que él había escrito pero que luego iba a pertenecer al que lo leyese. No quería entorpecer ni mediar la lectura del amigo ni del receptor futuro.

Eso explica el alivio sincero que Félix sintió cuando La devastación. La imaginación de la bestia fue descatalogado, y así lo hizo saber en una entrada en este blog con fecha del 8 de junio de 2011 (https://elbosqueescrito.wordpress.com/2011/06/08/el-aroma-de-lo-dificil/). Cito in extenso:

Desde hace pocos días y por azar he podido conocer que La Devastación es un libro oficialmente descatalogado, cinco años exactos después de su publicación. Increíblemente, esto me produce un gran alivio, como ponerme a resguardo, regresar a mi sitio en la sombra, aunque de la sombra nunca salí en todo este tiempo. Fue un libro que nunca fue lanzado, nadie conoce a su autor, no hay referencia alguna de mi biografía en la solapa ni en las páginas interiores, ni siquiera una foto… nada. Su color lila es su único lenguaje. Su grito en la estantería. Un grito que regula su estridencia a medida que el día transcurre y cambia la luz.

Ahora puedo decir que he llegado a poseer verdaderamente mis textos. Los poseo, los protejo, los vigilo. Con la seguridad del que nada tiene que mostrar, de quien no se ha de exponer más. Finalmente, mis pequeños hijos se desplazan al terreno de su propia soledad, alcanzan ese aroma de todo aquello que cuesta ser hallado. Han conseguido quizás algo que siempre he soñado para mí y nunca he podido tener.

A más de un año de su ausencia física, a ocho años de haber recibido el premio de poesía de la Academia Castellano-Leonesa y a los siete años de haber sido publicado La devastación, la Editorial Hypermedia da a conocer este extenso y atendible volumen de poesía que deberá ser presentado en septiembre. Hangelini es uno de los poetas más interesantes y singulares de los últimos 20 años de poesía cubana.

El volumen está disponible en la web de la Editorial Hypermedia.

Quiero agradecer a Lidia por su ayuda y su confianza, a Félix por entender siempre mejor que yo el porvenir y darme las claves, en código, del trabajo que realizo hoy como editor suyo, y a la Editorial Hypermedia por apostar por un autor cuya obra es desconocida en gran parte, pero no por ello menos trascendente. La visibilidad que merezca o merece la obra literaria de Hangelini depende del futuro lector. Y el futuro ya es ahora.

Una vez que la muerte otorgó a Félix el aroma de todo lo difícil, que lo hizo desplazarse al terreno de su propia soledad, ha llegado el momento en que sus textos vean la luz y así se muevan entre nosotros con la bondad y la irreverencia con que él lo hizo en vida.

Este volumen es el rostro eterno, por siempre renovado de un visitante, de un navegante apellidado literariamente Hangelini, que, como Dionisos, siempre acaba de llegar. Su palabra es el golpe más certero contra la muerte y la sucesión.

Desde la sombra, desde la soledad, Félix se nos revela a través de su propia palabra, que es hoy su cuerpo más preciso, su respiración, su modo de seguir hablándonos. Su palabra es el bosque que fue tejiendo y en el que podremos encontrarlo siempre, como bestia huidiza, como ciervo que corre por el bosque escrito.

En la cabecera de esta entrada comparto con los lectores de este blog la cubierta de El bosque escrito, y a continuación, agrego el texto que escribí para la contracubierta :

Nota: Dando clic sobre la imagen se puede ver en mayor tamaño.

YC

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Al atardecer

•agosto 9, 2013 • 3 comentarios

Cuba morro

 

Desde el borde de la isla digo adiós a los que esperan.

 

Al atardecer, la isla zarpa con su nube de rostros

y palacios gigantes, estela de precipicios

para el tiempo. Aún ignoro

ese tiempo que la isla ha puesto sobre la palma de mi mano,

el aceite de mi cuerpo sobre sus soledades

invulnerables. Mi lámpara ha caído.

Abajo encuentro nombres que algún día compartieron

las voluptuosas noches. Cientos de cadáveres

evaporándose hacia un frágil destino

donde el anhelo inclina sus ventanas.

 

He caído a intemperie de mí mismo, en la hondura

de los nombres que tuve. He transitado

espacios de memoria acuartelada

en los oscuros bosques de su lenta

emanación. He susurrado montañas potentes,

letanías de raros esfuerzos donde se esconden

los vientres donde un día hundí mis frustraciones.

 

Hoy ya no sé qué parte de mí mismo

se despide, imagina viajar como la bestia

en las naves difíciles. O qué parte del tiempo

se detiene a esperar con los perdidos

nombres de rostros frescos como la hierba

silvestre. Voy inventando las azules barandas

en que mi mano roza creciendo lentamente.

En su grácil distancia he visto un árbol,

el anuncio de un bosque diferente

a la isla. En vano me disuelvo

en los bordes. Busco una imagen a todo

lo que fue familiar. Nada me queda ahora

sino el niño encumbrado que trajo a mi garganta

un velador, la foto de la abuela vencida

por su ira, el polvo de las tardes pedestres.

He imaginado algo semejante al soporte

de mis años, sin los cuerpos danzantes

que abren sus bocas blandas para aliviar al mundo

de sus deseos, y tiñen de violentos resplandores

el tiempo. He imaginado que ahora voy existiendo

y que esta rara isla me despierta.

 

Pero aún no comprendo la humedad de ese espejo

postrado tras de mí, de ese rebaño enorme

que se mira. En los labios cansados

alguien ha puesto nombres inmemoriales, ventiscas

imaginadas, amagos, reminiscentes vastedades

para llegar a un fondo indefinido.

Alzo mi mano y rozo también el gris del marco

como el humilde azul de las barandas

en el asomo de los días. Sus grietas me parecen

conocidas. Sus manchas me consumen.

Ha calado ese humo de las estatuas

polvorientas. He masticado almas

que han sentido caer todo el color del mundo.

No sé si estoy mirándome en un lago

que es un espejo, o un edificio descascarado,

o un simple bulto hojeado en el camino

casi un cristal, o un mirto intrascendente

para inventar una isla y su distancia

y sus bestias y soles inconclusos.

 

Hoy ya no sé en qué parte del espejo

me distingo. En cuáles realidades

imagino que el tiempo ha transcurrido. Navego

solo bajo la isla y sobre ella,

dentro y fuera de un ciclo inexistente

en los blancos balcones de los días

que mis retratos cuentan desde sus ojos.

 

Desde el borde de la isla alguien me dice adiós, e imagino

que soy la bestia radiante, o la única culpa

de mí mismo. Sospecho

que alguien sabrá mi historia, y que algún día

la escriba tras el distante arrullo de mi nombre

dormido. Acaso el tiempo destierre mis cortinas

y el día sea otra razón familiar

donde abalance el viento sus tantas sinrazones,

y todo lo que he dicho quede, como oscura montaña

en el ocaso donde la larga isla vaga

arrastrando en silencio mis letargos inmóviles

para al fin alejarse tras el peso de sus formas.

Félix Hangelini

 
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