Lento y múltiple

•octubre 28, 2013 • 1 comentario

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De haberme quedado
al menos una línea insignificante
mi luz sería otra
y no este extenso laberinto de voces
representando un hábito terrible
en el estrado del deseo que llega
donde he visto un viento
tan parecido a ti que casi me reduce
como en los tiempos cuando un fino trazo dibujaba
mi espalda
dejándome saber
que era imperio hecho para tus ojos
y mis venas vacías
dorando esa parte de mi cuerpo que nadie comprende

he llegado a pensar
que si hubo más de mi imagen fue pura coincidencia
en los prados amarillos
entre aquellas espadas que nos enlazaban
que si hubo algo absoluto incomprensible
fue la estrategia
de mostrar un mundo que nos era prohibido
la vastedad en un vistazo
que nos dejó ciegos
cuando todo parecía indicar que una puerta se abriría
en el remanso de ese mundo dispuesto para la mano
el caer de los párpados negó todo mapa
y apenas cupe en esta letanía
lento y múltiple
en los umbrales donde una historia feliz me confunde.

 

Barcelona, 31 de octubre de 2003

Félix Hangelini

 

Tomado de: Félix Hangelini. El bosque escrito (poesía reunida). Editorial Hypermedia, Madrid, 2013, p. 286.

 

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“He tratado de escribir sobre el extranjero…”

•septiembre 29, 2013 • 5 comentarios

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He tratado de escribir sobre el extranjero que llega. Me he abierto una herida en el cuello, he hundido la mano mientras removía la sal con el reloj, una disposición cerrada había en la sangre. Es difícil hallar frases dentro, o una forma mecánica de encadenar el mundo a tus ojos. Es difícil enunciar esa soledad del extranjero cuando entra al bosque, porque el bosque a veces finge, y a veces tampoco existe, y a veces el extranjero que llega se parece a mi imagen y a veces también soy yo, y entonces ¿cómo podría escribir sobre mí mismo sin mentirles?

El bosque escrito (poesía reunida)

•agosto 15, 2013 • 21 comentarios

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Bajo el título de El bosque escrito (volumen homónimo a este sitio y nombre de uno de los poemarios inéditos de Félix) la Editorial Hypermedia ha reunido la mayor parte de la poesía que he encontrado (con la ayuda de Lidia, madre de Félix) entre los archivos personales y la papelería de nuestro amigo y poeta.

El primer libro que Félix publicó en vida fue La construcción de las olas, ganador del premio Calendario de Ensayo en 2002. Se presentó al certamen porque partiría hacia España y quería dejarle dinero a su madre. Así lo hizo. El segundo libro (su primer poemario publicado y único conocido por el lector hasta hoy) mereció el Premio de la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía destinado a jóvenes creadores en 2005. Fue de nuevo la necesidad económica, las carencias padecidas en un país extranjero, las que lo impulsaron a presentarse al certamen.

Félix no tenía ni el más mínimo interés en publicar su obra lírica, la veía como un acto íntimo, inevitable, que compartía entre los amigos y con las personas que amaba. Pero no es poesía que él escribiese pensando, al menos en primera instancia, en su publicación. Por ello considero que la lírica de Hangelini pertenece, como la obra de Emily Dickinson, a lo que Emerson llamó “la Poesía de Portafolio”: aquella que nace por una necesidad de expresión natural en el poeta y que no busca o pretende como fin ser publicada. Por esa misma razón no leyó nunca Félix en público su propia obra, no le interesaba, no le parecía ni necesario ni positivo imponer su cadencia o su tono a un texto que él había escrito pero que luego iba a pertenecer al que lo leyese. No quería entorpecer ni mediar la lectura del amigo ni del receptor futuro.

Eso explica el alivio sincero que Félix sintió cuando La devastación. La imaginación de la bestia fue descatalogado, y así lo hizo saber en una entrada en este blog con fecha del 8 de junio de 2011 (https://elbosqueescrito.wordpress.com/2011/06/08/el-aroma-de-lo-dificil/). Cito in extenso:

Desde hace pocos días y por azar he podido conocer que La Devastación es un libro oficialmente descatalogado, cinco años exactos después de su publicación. Increíblemente, esto me produce un gran alivio, como ponerme a resguardo, regresar a mi sitio en la sombra, aunque de la sombra nunca salí en todo este tiempo. Fue un libro que nunca fue lanzado, nadie conoce a su autor, no hay referencia alguna de mi biografía en la solapa ni en las páginas interiores, ni siquiera una foto… nada. Su color lila es su único lenguaje. Su grito en la estantería. Un grito que regula su estridencia a medida que el día transcurre y cambia la luz.

Ahora puedo decir que he llegado a poseer verdaderamente mis textos. Los poseo, los protejo, los vigilo. Con la seguridad del que nada tiene que mostrar, de quien no se ha de exponer más. Finalmente, mis pequeños hijos se desplazan al terreno de su propia soledad, alcanzan ese aroma de todo aquello que cuesta ser hallado. Han conseguido quizás algo que siempre he soñado para mí y nunca he podido tener.

A más de un año de su ausencia física, a ocho años de haber recibido el premio de poesía de la Academia Castellano-Leonesa y a los siete años de haber sido publicado La devastación, la Editorial Hypermedia da a conocer este extenso y atendible volumen de poesía que deberá ser presentado en septiembre. Hangelini es uno de los poetas más interesantes y singulares de los últimos 20 años de poesía cubana.

El volumen está disponible en la web de la Editorial Hypermedia.

Quiero agradecer a Lidia por su ayuda y su confianza, a Félix por entender siempre mejor que yo el porvenir y darme las claves, en código, del trabajo que realizo hoy como editor suyo, y a la Editorial Hypermedia por apostar por un autor cuya obra es desconocida en gran parte, pero no por ello menos trascendente. La visibilidad que merezca o merece la obra literaria de Hangelini depende del futuro lector. Y el futuro ya es ahora.

Una vez que la muerte otorgó a Félix el aroma de todo lo difícil, que lo hizo desplazarse al terreno de su propia soledad, ha llegado el momento en que sus textos vean la luz y así se muevan entre nosotros con la bondad y la irreverencia con que él lo hizo en vida.

Este volumen es el rostro eterno, por siempre renovado de un visitante, de un navegante apellidado literariamente Hangelini, que, como Dionisos, siempre acaba de llegar. Su palabra es el golpe más certero contra la muerte y la sucesión.

Desde la sombra, desde la soledad, Félix se nos revela a través de su propia palabra, que es hoy su cuerpo más preciso, su respiración, su modo de seguir hablándonos. Su palabra es el bosque que fue tejiendo y en el que podremos encontrarlo siempre, como bestia huidiza, como ciervo que corre por el bosque escrito.

En la cabecera de esta entrada comparto con los lectores de este blog la cubierta de El bosque escrito, y a continuación, agrego el texto que escribí para la contracubierta :

Nota: Dando clic sobre la imagen se puede ver en mayor tamaño.

YC

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Al atardecer

•agosto 9, 2013 • 3 comentarios

Cuba morro

 

Desde el borde de la isla digo adiós a los que esperan.

 

Al atardecer, la isla zarpa con su nube de rostros

y palacios gigantes, estela de precipicios

para el tiempo. Aún ignoro

ese tiempo que la isla ha puesto sobre la palma de mi mano,

el aceite de mi cuerpo sobre sus soledades

invulnerables. Mi lámpara ha caído.

Abajo encuentro nombres que algún día compartieron

las voluptuosas noches. Cientos de cadáveres

evaporándose hacia un frágil destino

donde el anhelo inclina sus ventanas.

 

He caído a intemperie de mí mismo, en la hondura

de los nombres que tuve. He transitado

espacios de memoria acuartelada

en los oscuros bosques de su lenta

emanación. He susurrado montañas potentes,

letanías de raros esfuerzos donde se esconden

los vientres donde un día hundí mis frustraciones.

 

Hoy ya no sé qué parte de mí mismo

se despide, imagina viajar como la bestia

en las naves difíciles. O qué parte del tiempo

se detiene a esperar con los perdidos

nombres de rostros frescos como la hierba

silvestre. Voy inventando las azules barandas

en que mi mano roza creciendo lentamente.

En su grácil distancia he visto un árbol,

el anuncio de un bosque diferente

a la isla. En vano me disuelvo

en los bordes. Busco una imagen a todo

lo que fue familiar. Nada me queda ahora

sino el niño encumbrado que trajo a mi garganta

un velador, la foto de la abuela vencida

por su ira, el polvo de las tardes pedestres.

He imaginado algo semejante al soporte

de mis años, sin los cuerpos danzantes

que abren sus bocas blandas para aliviar al mundo

de sus deseos, y tiñen de violentos resplandores

el tiempo. He imaginado que ahora voy existiendo

y que esta rara isla me despierta.

 

Pero aún no comprendo la humedad de ese espejo

postrado tras de mí, de ese rebaño enorme

que se mira. En los labios cansados

alguien ha puesto nombres inmemoriales, ventiscas

imaginadas, amagos, reminiscentes vastedades

para llegar a un fondo indefinido.

Alzo mi mano y rozo también el gris del marco

como el humilde azul de las barandas

en el asomo de los días. Sus grietas me parecen

conocidas. Sus manchas me consumen.

Ha calado ese humo de las estatuas

polvorientas. He masticado almas

que han sentido caer todo el color del mundo.

No sé si estoy mirándome en un lago

que es un espejo, o un edificio descascarado,

o un simple bulto hojeado en el camino

casi un cristal, o un mirto intrascendente

para inventar una isla y su distancia

y sus bestias y soles inconclusos.

 

Hoy ya no sé en qué parte del espejo

me distingo. En cuáles realidades

imagino que el tiempo ha transcurrido. Navego

solo bajo la isla y sobre ella,

dentro y fuera de un ciclo inexistente

en los blancos balcones de los días

que mis retratos cuentan desde sus ojos.

 

Desde el borde de la isla alguien me dice adiós, e imagino

que soy la bestia radiante, o la única culpa

de mí mismo. Sospecho

que alguien sabrá mi historia, y que algún día

la escriba tras el distante arrullo de mi nombre

dormido. Acaso el tiempo destierre mis cortinas

y el día sea otra razón familiar

donde abalance el viento sus tantas sinrazones,

y todo lo que he dicho quede, como oscura montaña

en el ocaso donde la larga isla vaga

arrastrando en silencio mis letargos inmóviles

para al fin alejarse tras el peso de sus formas.

Félix Hangelini

Dos sonetos

•agosto 2, 2013 • 3 comentarios

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LENTO SIN MÍ

 

Lento sin mí la noche me deshora
y me desprende de la torre ausente,
y si todo termina, suavemente
me voy lento sin mí, sin mi demora

 
y sin esta llovizna que decora
el espejo en que estoy sobre mi frente,
un abismo de luz, con la estridente
forma sin luz que en mi alma se enamora.

 
Voy tan lento, tan nube, tan ligero,
que a veces pienso en medio del sendero
volver atrás tras el respiro hambriento.

 
Y tan lento presiento que te espero,
lento sin mí donde encendido muero
y otra vez me disipo por el viento.

 

 

MAÑANA

 
Mañana tras el bosque habrá una pena
para escapar del mundo momentáneo,
y una palabra tras la luz serena
y el alba como un párpado espontáneo

 
simulando la noche desde arriba,
donde queda algún grito penitente
o alguna sensación que se derriba
bajo el látigo agudo, persistente.

 
Mañana ya no sé dónde me esconda,
a veces fuego, a veces letanía
de lámparas brotando en su belleza,

 
mañana en que seré como la onda,
como un puñado de melancolía
en medio de mi paz y mi pobreza.

[Me he quedado en la llama, me he dormido]

•julio 1, 2013 • 2 comentarios

 

 

Me he quedado en la llama, me he dormido.

Un espacio sin sombra ni humedad: lo desconozco.

Unas olas despacio, y un corcel infinito

y una espada que pinta jardines con mi sangre.

 

Así ante el espejo, así dentro, transportado

hacia la llama que hurga en los rostros más oscuros,

y yo aún averiguando qué hago todavía

y qué son esas olas, el corcel, los jardines…

 

Félix Hangelini

 

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Día de las madres

•mayo 14, 2013 • 15 comentarios

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Este fue el último año que pasé junto a mis dos hijos el Día de las Madres. Este fue el último año que fui completamente feliz un Día de las Madres, que los abracé, los besé y les dije “gracias” por darme ese amor y ese cariño que siempre me han dado.

Siempre hemos tenido la costumbre en la familia de esperar los aniversarios de fechas señaladas a la media noche, los cumpleaños, los días de las madres y de los padres los hemos celebrado a media noche, a esa hora son las felicitaciones y los regalos, los besos y los cariños, siempre nos quedamos despiertos esperando el día.

Mis hijos son muy exquisitos en esos detalles, esta postal es símbolo de ello. Esta postal la escogió mi Félix Ernesto, para la familia siempre Ernesto, para mí siempre Ernestico. Sus flores amarillas, sus predilectas, su preciosa caligrafía y su don de poeta siempre presentes.

Después de ese año 2002 habría siempre una llamada por teléfono – él viajó a España el 2 de marzo del 2003– pasadas las 4 de la tarde en Cuba siempre sonaba el teléfono con su felicitación, con su “mami, felicidades”; nunca dejó de hacerlo en diez años, siempre se comunicaba, a pesar de que las líneas se congestionan, él siempre comunicaba, este año no lo hizo, pero estuvo conmigo todo el día, como siempre, junto a Mayito, su hermanito del alma, mi niño pequeño y malcriado, el niño que me queda para darme su cariño, su atención y su amor, tal y como lo aprendió de su hermano mayor, de su ídolo y guía. Y lo hace. Sí, lo hace. Pero me falta una mitad…

Este año recibí el cariño de muchos de sus amigos y amigas. Gracias por recordarlo en mi nombre y en mi día. Y a su padre que a esa misma hora me llamó, no para felicitarme sino para que supiera que estaba en su pensamiento, hoy le dije que cuando el teléfono sonó y vi el 119 (código internacional) me dio un vuelco el corazón, cuando escuché que era su padre pensé que él lo había enviado… Nada, cosas de madre…

Hijo mío: siempre estás en mi pensamiento y en mi corazón.

Tu mamá.

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