EL CIELO

Cielo de Madrid al amanecer - 28 de octubre de 2011

I

Tocan a la puerta. Suena el teléfono
o una alarma lejana. Una bandada de aves
hace crujir los resortes de la madera.
Silencios intermedios, ecos, agujas
de significados. El cuerpo apenas.
El movimiento de una mano con la inercia
de lo gris. Una taza de té hipotética,
un vendaval súbito, una sonrisa fácil.
La ansiedad de un corazón con veinte minutos
de retraso. Un cuerpo enfermo
de sí mismo bajo las uñas de un trasgo.
Un horizonte que no distingue
tu inmensidad de la mía. Un horizonte
apenas suficiente. La oscuridad de aquello
que nadie nos concedió. O la del cuerpo
repartido en inservibles proporciones
de azar.

II

Si te levantas de la cama nada ha cambiado.
Tu nombre allí, a la espera.
El animal silvestre. Como si
la sombra de tantos días muertos
se dispersara. La habitación tranquila,
el aire calmo. Una luz bajo absoluto control
planea fuera. Y luego el cielo.
La abrupta geografía de cosas
intensas, asimétricas, cíclicas, con ciertos trazos
obvios. Intuyes
aquello que bajo el cielo se construye y avanza
a meta: troncos perfectamente delineados,
gatos, filas de hormigas invadiendo
la casa, el amarillo en la pared, el césped,
la soledad del otro, el rostro repetido.
El rostro al que extiendes la mano de un verano
inútil y sin músculo. Un simple rostro
amado.

III

La casa flota en una intensa luz. Los animales
de los últimos días vociferan,
echan bolas de pelo. Un vecino muerto
me ha debido llamar. Escucho un frío
de grandes carcajadas y de piedras
lanzadas contra un reflejo. Se oye un tac tac
insistiendo sobre la madera. En este estrecho campo
que llaman naturaleza han asomado
treinta y tres árboles, como ha sido posible
plantarlos. No hay sombra sin rebaño.
Miro la mano que apenas despereza
y me pregunto si estás, si no ha sido todo
la invención de esta bestia exhausta. Si el mundo
ha entrado al cuerpo y se ha instalado, si
en el oleaje de la víspera
algo quedó en el vacío corazón,
en la vacía víscera, la enorme.
Y el cuerpo apenas alcanza a ser ciudad, país,
a ser cielo (no nube), a ser fragmento
de cadáver hermoso, montaña,
valle, o una nada peligrosa
atenida a un pie de página, a una breve nota
en un informe.

En este pequeño reino sin huéspedes
todo se esfuma
si cierras la ventana, si despiertas.
Si no miras
arriba
al cielo.

Félix Hangelini
Madrid, 28 de octubre de 2011

~ por Félix Hangelini en octubre 28, 2011.

5 comentarios to “EL CIELO”

  1. Hermoso!

  2. ¿Te parece? Me alegro de que te guste. Últimamente no escribo mucho. Sólo textos dispersos.🙂

  3. Fascinante especulación de emociones!
    Gracias,

  4. Ese cielo azul de Madrid del 28 de octubre de 2011 puede que amanezca igual de azul, sin embargo para mí ya no habrá más cielos azules, ni esperanzas vivas, ni sosiego, ni luz, ni poetas, ni música, ni tu poesía de cada 28 de octubre. Ya no estás hijo mio, crecieron 34 árboles pero no llegó el 35, te lo arrebataron cuando aún quedaba tan poco tiempo y tantos mas que plantar en tu vida, Y con ello quedó la mía vacía. Hoy te recuerdo más, porque hoy estoy en Madrid, adonde podrías haber estado tú, recorriendo calles, riendo, explicándome cada cuadro de Goya o de Velázquez, llamándome “mi gorda” jocosamente, tratándome como sólo tú sabías hacer. Te extraño, te necesito, te amo, te siento siempre a mi lado y esa sensación me hace tener un poco de fuerzas.
    Es muy triste que el regalo de tu nacimiento el pasado 28 de octubre y que tanto te gustó se haya convertido en el relato de tu desaparición física este año, a sólo un año de haberte regalado lo que según tú fué el más hermoso regalo de toda tu vida. Pero para mí ese día sigue siendo el mismo, porque viví y vivo orgullosa de ti, de haberte engendrado, de haberte traído al mundo y de que fueras el mejor hijo del mundo….
    Hoy muchos te recordarán y eso me enorgullecerá, hoy te extrañaré y lloraré mucho tu ausencia, pero seguirás siendo mi niño pequeño, mi Ernestico, mi gran geniecillo.
    Tu mamá

  5. Félix, amb molta nostalgia et deixo en el teu bosc aquest poema que sempre m’ha agradat:

    ODA A LA INMORTALIDAD

    Aunque el resplandor que
    en otro tiempo fue tan brillante
    hoy esté por siempre oculto a mis miradas.
    Aunque mis ojos ya no
    puedan ver ese puro destello
    Que en mi juventud me deslumbraba
    Aunque nada pueda hacer
    volver la hora del esplendor en la hierba,
    de la gloria en las flores,
    no debemos afligirnos
    porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo.
    En aquella primera
    simpatía que habiendo
    sido una vez,
    habrá de ser por siempre
    en los consoladores pensamientos
    que brotaron del humano sufrimiento,
    y en la fe que mira a través de la
    muerte.
    Gracias al corazón humano,
    por el cual vivimos,
    gracias a sus ternuras, a sus
    alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
    puede inspirarme idéas que, a menudo,
    se muestran demasiado profundas
    para las lágrimas.

    William Wordsworth

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