TRATANDO A UNA SOMBRA COMO UN CUERPO SÓLIDO

El tiempo es un animal cíclico, de costumbres fijas. El mismo sol otra tarde, los mismos elementos bajo cambios imperceptibles. El parque semivacío, las terrazas desoladas, el vaivén constante de la avenida. El mismo reloj con las mismas agujas en horas repetidas, aparentemente nuevas. Buscar un libro del siglo XIX en la Oficina de Correos. El mismo camino nunca recorrido de idéntica forma, aun desde la misma forma de huella. La naturaleza urbana llena de lugares comunes, como la propia cotidianidad.

En casi trescientos metros no soy capaz de pensar en nada más que en objetivos inmediatos. Las llaves de casa en la mano, un aviso de recogida en otra, el paso acelerado. Por delante, la misma calle en línea recta. Las vías del tren al fondo, allá donde sólo se intuyen. Y en el aire un ruido, un ruido intenso de coches e ideas, ruido de verano en estertor y de belleza impalpable y monstruos y últimas ofrendas y promesas de pasado y futuro.

A punto de alcanzar la pared amarilla de la oficina, acordarme de ti. Hace dos meses que no te veo, y el camino es el mismo que la última vez. Los mismos árboles, el mismo tránsito hacia nuestra cita habitual. ¿Qué estarías haciendo? ¿Cómo estarías? ¿Estarías? Tres segundos después, ver un cuerpo caminar a mi encuentro. Desde lo lejos, sin prisa, divisar tus facciones, tu forma de andar, la expresión que creí varada en el fondo de mi cerebro de un modo fotográfico. Eras tú, sin duda.

Te detienes frente al cristal del bar. En otros tiempos habría tenido que pasar frente a ti -frente al bar-, pero hoy mi recorrido acaba un poco antes, justo en el portal contiguo. Te quedaste esperando quizás a que pasara; entré a Correos a recoger mi libro, a la salida ya tendría tiempo de saludarte, de preguntarte qué tal el verano, las vacaciones, la familia. Una conversación rutinaria, sin sobresaltos. La misma sensación de que pocas cosas han cambiado. Engañarme pensando que todo puede ser mínimamente distinto tras dos meses de ausencia mutua.

Dos minutos apenas dentro de la oficina. Libro en mano: mujeres y siglo XIX. Al salir ya no estás. Miro un poco más allá, pero me niego a seguir buscándote. Demasiado sol, demasiado vapor, la plazoleta vacía de palomas. Sonrío y deshago el camino de vuelta. La realidad cotidiana a veces tiene estas cosas.

~ por Félix Hangelini en septiembre 27, 2011.

3 comentarios to “TRATANDO A UNA SOMBRA COMO UN CUERPO SÓLIDO”

  1. Gracias Félix por tu pasión.

    El tiempo con sus agujas brillantes ofuscando la mirada. El tiempo que huye con tu sombra, con su sombra, con la sombra de las palomas por
    el ineludible cristal del bar, donde te espero….

    Un abrazo de sólida sombra.

  2. Félix et confesso que llegir: “Libro en mano: mujeres y siglo XIX”, ja m’has despertat la curiositat. En fi… la setmana passada vaig sortir de la llibreria Taifa del carrer Verdi, amb un llibre que em va cridar l’atenció. Abans però t’he de dir que Carmen Martín Gaite sempre m’ha agradat, tot i que no sé si les seves novel.les resistiran bé el pas del temps. Doncs continuo, vaig veure que s’havia publicat la seva relació epistolar amb l’escriptor Juan Benet. De Juan Benet havia llegit Volveras a Región i em va resultar una lectura difícil. Total que vaig sentir curiositat per conèixer la correspondència entre dos autors tan i tan diferents d’estil. Però la seva lectura haurà d’esperar que acabi el que estic llegint ara, un treball sobre l’escriptora Carmen Laforet -¿has llegit Nada?-. És un treball d’Anna Caballé i Israel Rolón i porta per títol: Carmen Laforet. Una mujer en fuga. Aquest treball va obtenir el premi Gaziel de biografies y memories de l’any 2009. És un treball interessant per tots aquells lectors i lectores que fa anys i de tant en tant ens preguntàvem: ¿Què se n’ha fet de Carmen Laforet? Doncs aquí es troben moltes respostes al misteri que sempre va semblar embolcallar-la.
    Una abraçada

    • Carme, el libro es un álbum poético-fotográfico de escritoras cubanas de entonces, muy interesante edición.
      Conozco el libro sobre Carmen Laforet, fue el trabajo de Rolón para su tesis, creo. Su labor arqueológica parece ser muy interesante, aunque creo que existen algunas discrepancias con los descendientes. Laforet es un mito.
      Sobre Martín Gaite, la persona a cargo de la publicación de sus obras -y también del epistolario con Benet- trabaja en mi departamento.
      Un abrazo.

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