LA MONTAÑA DE ARENA

Y un buen día te dejó de hablar. No hizo falta ningún pretexto, ningún acontecimiento en particular… o quizás cualquier evento fue la justificación, o al menos así lo creíste (o lo creyó). Al principio te preguntaste todos los porqués del universo; incluso acudiste a leyes de la física, o al distanciamiento poético, o a cosas tan simples como el ruido urbano para explicar un silencio que no era, una estridencia incómoda, o de nuevo ese espacio hueco que repite la misma (falsa) orfandad de antes de conocerse. Más tarde dejaste de hacerte preguntas: cuando se es (más) joven, el distanciamiento en sí implica un dolor, que es acentuado por lo inexplicable; mientras pasan los años cada acto encuentra con mayor facilidad su estancia y su reposo dentro de los accidentes cotidianos… o simplemente en la alacena de la tía Emily.

A este tipo de agujeros no los llamo “silencios”, no podría. Son demasiadas formas y significados acumulados en una sola imagen, en una sola evocación que ni siquiera puede ser evitada. Si hay que vivir como fabulaba Rilke, en círculos crecientes, este tipo de hoyos a veces se multiplican de un modo asombroso, y marcan los círculos y perduran incluso marginalmente como manchas de fotos antiguas. De esas que arruinan una composición, pero que al final producen un encanto sin dolor, porque aquello que tapan tiene la enorme fortuna de representar un fragmento de realidad vivida, que exige ser reconstruida.

Todos los que se van, imposibles como esa mismísima construcción poética, han elegido callar, romper(se), disolverse en el aire en sus formas legítimas de elección. Pero no puedo olvidar ni por un solo minuto que en este relato que habito soy yo quien les devuelve la palabra.

~ por Félix Hangelini en abril 5, 2011.

7 comentarios to “LA MONTAÑA DE ARENA”

  1. Del distanciamiento poético se cuentan significados sin entendimiento de forma o color… como quiera que sea, una distancia se impone equidistante siempre de dos puntos… y no se podría decir que uno es más distante o más cercano que el otro, sino que ambos se alejan mutuamente o se acercan sin sonido alguno… abría que cuestionar a las leyes de la física de las partículas… a lo mejor el bosón de Higgs tiene la respuesta, quién sabe? la alacena sigue media abierta…

  2. Habitamos esos círculos crecientes, y por mucho que se repitan las distancias (silencios, rupturas), son siempre distintas, no pierden su halo de sorpresa, y nos dejan igual de vacíos, de solos, porque la soledad es a veces sólo un sentimiento o una ausencia de él.
    Alberto, la distancia no es siempre equidistante, hay grandes maestros en desarraigo, saben oscurecer cualquier mañana luminosa, y has de aceptar que los fosos no deben ser cruzados.
    Y sí, Félix, Lo más hermoso del relato en el que habitas, es tu grandeza para devolverle la palabra. El silencio araña a ciegas el corazón. gracias por tus relatos

  3. Estoy de acuerdo con Eva, a veces la distancia es decisión de una sola persona, que es de lo que hablo. Y esa distancia se respeta, o debe respetarse, o al menos suelo respetarla.
    Luego habría que detenerse en los disímiles tipos de soledad. Porque pienso que la soledad incluso puede reducirse a una situación en concreto (una persona que se aleja te produce un determinado estado de soledad asociado con la pérdida o enfriamiento de esa relación en particular), cuando la gente suele entenderla siempre relacionada con un sentimiento amoroso (por lo general). Sigo diciendo que en inglés existe una mejor definición para este hecho: solitude y loneliness, parecen sinónimos pero las diferencia la elección o imposición. Pero esto ya me desvía de lo que he escrito.
    ¿A vosotros os ha pasado lo mismo? ¿Tenéis esta misma experiencia?

  4. Hi ha temps per tenir i gaudir i hi ha temps per deixar marxar.
    Una abraçada,

  5. Gracias Félix, ese tipo de reflexiones no existen en nuestra cultura de la bulla y el brete. Un abrazo

  6. Y tanto que pululan estas cosas en la vida, Armando. Cómo las hemos vivido en carne propia, gente que se aparta por razones que nunca entendemos… Lo curioso es que el afecto sólo se empaña pero no desaparece.

    Y sí, Carme, hay momentos para todo, pero a veces el dejar marchar no siempre surge en el mejor momento (si es que un momento puede ser “mejor” para distanciarse), o como digo, pasa en el momento más impensable.

    Un abrazo a ambos.

  7. Félix, yo comparto cada una de tus palabras. El vacío como sorpresa, de repente la distancia incomprensible. Y uno se queda desnudo, racionalmente perdido. Comprendiendo que nada más se puede/debe hacer, sólo intentar desarraigar el amor ulceroso. Pero a veces no se puede, y sigues como una sombra sin luz, perdido, aunque presente. Hay que remontar con las llagas al viento. Una y otra vez.
    Gracias Félix por tus escritos. Besos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: