A TRAVÉS DE LAS PUERTAS

Una de las imágenes que más recuerdo de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es aquella en la que el viejo José Arcadio Buendía, preso de una fuga mental, transportado entre realidades, atravesaba puertas y puertas y llegaba a espacios/estancias donde encontraba reminiscencias de su pasado, en su regreso continuo hasta el árbol donde había sido amarrado poco tiempo antes. Un día no encontró el camino de vuelta a la realidad de los otros, a través de aquellas estancias. Entonces comenzaron a llover flores amarillas.

Estoy convencido de que mi vida -en esencia- también consiste en eso: puertas y puertas que uno atraviesa a solas, saltando de realidad en realidad, cada realidad más parecida a la anterior, donde las líneas de los rostros se repiten y sólo mutan en color, textura, sonido. Entrar a un nuevo espacio no significa exactamente que la decoración cambie sino su apariencia; en el fondo, todo conserva una estructura, un orden, increíblemente similar al del espacio que uno ha abandonado. Son el ojo, el tacto, el oído, quienes se engañan pensando que se ha avanzado hacia un sitio diferente; son la creencia, la voluntad de asombro, las que nos conducen a admitir ese juego de identificaciones.

(Siempre he contado que una de mis más terroríficas pesadillas, cuando era niño, fue verme a mí mismo, desdoblado en otro espacio de mi propia casa. Miraba la televisión mientras esperaba a mi madre que de la cocina iba trayendo los cubiertos para cenar, cuando a través de la puerta de la única habitación de la casa pude verme -también era yo- sentado en la cama, mientras mi madre -que también era ella- caminaba de un lado al otro y guardaba ropa en las gavetas. En un instante alcanzamos a vernos a los ojos -yo y el otro que también era yo-, y me dio un escalofrío tremendo y pegué un grito y salté de la cama.)

Han pasado ocho años desde que dejé La Habana y me percato de que mi camino sigue hacia el árbol, sin importar el espacio que piso, el que me acoge, el que me condiciona. Y los rostros se siguen repitiendo sin cesar, sin enseñarme nada, sin presumir de excesivas diferencias, sin cegarme; simplemente ya no detengo la mirada en ninguno de ellos, no tengo fe en ninguna novedad. Eso, que a muchos puede producir un desasosiego, en mí comporta una rara paz.

Miro atrás, y noto que las puertas han estado y siguen entreabiertas. Un cúmulo de puertas y ventanas que puedo divisar desde cualquier punto que elija. Y es curioso que también pueda divisar las puertas que tengo enfrente, y que ninguno de los espacios o de los rostros por venir me prometa nada. No hay ilusión ni hartazgo. Sólo un camino. También con flores amarillas al fondo.

~ por Félix Hangelini en marzo 3, 2011.

2 comentarios to “A TRAVÉS DE LAS PUERTAS”

  1. Félix, la llum i els colors de la Primavera portaran nous matisos als teus pensaments.
    A la vida passem per temporades –en el meu cas, al llarg de la vida- que necessitem, no diría aturar-nos però sí caminar d’una manera tranquil.la i més o menys segura sense mirar cap a fora, només el nostre camí. La Vida és el millor que hi ha, però per diferents circumnstàncies també es viuen moments de cansament , de canviar el ritme, de mirar endins, de sentir-se “fora de la festa”. Quan ens passa això no ens hem de revoltar sinó “laisser faire” i poc a poc i amb un ritme de feina –això sí- control.lat, anirem albirant un altre horitzó, una altra etapa.
    Penso que el viure és això, un autoconeixement de nosaltres mateixos i la medecina per guarir-nos moltes vegades la tenim en el nostre interior i amb els anys quan tornem a passar per aquests moments ja sabrem què fer o què deixar de fer i en el teu cas tens un món interior tan ric que dubto que mai t’arribis a trobar sol o desconsolat.
    Félix, tinc el Bosque escrito a Favoritos i de tant en tant em faig una passada i no només per veure si has actualitzat, sinó que et torno a llegir en el que havies publicat mesos enrere.
    Una abraçada energètica i fins aviat,
    Carme

  2. Félix, un fatal error… Branca sóc jo, Carme. Confesso que a In Fernem Land -Joaquim- escric com a branca. Aquí en el teu Blog utilitzo el meu nom real.
    Ahir vaig afegir un comentari al blog del Joaquim i se m’havia quedat el nom per defecte.
    Veus que passa amb internet, si no estàs al cas no et pots ni amagar…
    Una abraçada,

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