DEL GENIO QUE NO SABÍA SOLFEO

Se cuenta que, al filo del año 1959, al abrirse una escuela para estudiar música en La Habana, con su característica humildad Benny Moré decidió preguntar si podía inscribirse para aprender solfeo. Quizás él mismo, con su autodidactismo, fue la culminación de ese talento natural de los cubanos para la música, una figura popular cuya voz mestiza y nasalizada -a tono con la moda de interpretación de aquellos años- se convirtió en la voz de un país.

Por entonces el “Bárbaro del Ritmo” ya era famoso en toda Latinoamérica. Había trabajado ya en el Conjunto Matamoros, con Pérez Prado se había hecho una de las figuras mundiales del mambo, había colaborado con la orquesta de Bebo Valdés, y tras trabajar con la legendaria Orquesta Aragón (que aún existe), fundó la Banda Gigante, con la que incluso llegó a actuar en la ceremonia de los Oscars. Sin embargo, no sabía leer siquiera una partitura.

Escuchar a Benny Moré, donde quiera que uno esté, es regresar a la Isla y percibir sus aromas, sus ritmos y murmullos, y esa forma tan cubana de sentir y de expresar lo sentido.

~ por Félix Hangelini en enero 15, 2011.

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