PERDERETE LA BELTÀ

Tiendo a detenerme en lo fugaz, en lo que me abandona, en lo que pasa. No sólo en la melancolía de los paisajes invernales desde el tren, sino también en las pequeñas cosas que existen desde su estatura. Los niños son capaces de verlas porque están a su altura física; se detienen en lo aparentemente insignificante, puesto que lo más grande se les escapa. Uno aprende a ser niño y a ser adulto, a calibrar lo grande y lo pequeño. Observar: esa es la clave.

Hace unos días perdí un objeto muy valioso que me regaló mi madre cuando me operé del cuello: un pendiente de aro de plata. No suelo lamentarme tras la pérdida de los objetos, pero me miré al espejo y comprendí que de algún modo ya no era la misma persona sin él. Mi imagen ha estado asociada a ese pequeño regalo de hace diez años. Aunque he repuesto el objeto, el otro, el original, se ha quedado no sé dónde… allí, en el trasiego de la ciudad o en la dureza ocre de los paisajes castellanos.

Cuesta mirarse al espejo y percatarse de que las cosas (visibles e invisibles) van cambiando en una rueda imparable. Que no tenemos lo que antes tuvimos, que no tendremos lo que hoy. Que cada objeto y cada sujeto siguen sus propios recorridos. Como me dijo una gran amiga al intentar “consolarme” al teléfono: con los años uno aprende no sólo a perder, sino también a dejar; uno no sólo enfrenta y supera esa pérdida inesperada, sino también elige abandonar determinadas cosas. Como los caracoles, cargamos nuestra vida como una casa.

Por lo pronto, queda el paisaje como depósito de lo que perdemos y dejamos, que es un modo de perder y dejarse a sí mismo. El mismo paisaje que un día también se transformará.

Verdi prati, selve amene,
perderete la beltà.
Vaghi fior, correnti rivi,
la vaghezza, la bellezza
presto in voi si cangerà.

Verdi prati, selve amene,
perderete la beltà.
E cangiato il vago oggetto
all’orror del primo aspetto
tutto in voi ritornerà.

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~ por Félix Hangelini en diciembre 18, 2010.

2 comentarios to “PERDERETE LA BELTÀ”

  1. Qué sería de nosotros si no fuera por lo fugaz: por aquéllo que nos roba el alma durante un momento y se marcha despertándonos el anhelo por volver a encontrarlo y disfrutarlo.
    Qué sería de esos detalles casi secretos que una vez hallados deslumbran el pecho de una luz y una armonía casi embriagadoras.

    Quizás perdiste ese preciado e irremplazable recuerdo, pero no olvides lo más importante: los recuerdos no son más que una creación de inmortalidad, y si aún tienes la oportunidad de comunicarte con aquellas personas, nada más importa. Porque cuando así no sea posible… sólo te quedará eso: el recuerdo.
    …Ojalá pudiera alimentarme de algo más que del recuerdo de mi abuelo 🙂

    Espero que lo del cuello no fuese nada grave entonces(estudiante de canto clásico al teclado). Aquí te dejo un precioso aria, por una preciosa voz:

  2. Toda la razón, Caliophe. Mi operación del cuello me ha hecho perder voz. También yo canté alguna vez… ya no canto, sólo canturreo.
    Un abrazo y gracias por acompañarme aquí.

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