CUANDO DIOS NO CABE EN UN ABRAZO

Te echo de menos, mi hermosa petita. Echo de menos nuestros paseos nocturnos (aunque suene al “Tango del viudo” de Neruda), las largas peroratas en la explanada del Nacional, nuestras paranoias mientras veíamos pasar la noche habanera frente al mar en aquel banco nuestro, cerca de la bandera. A veces me pregunto cómo fui capaz de soportar tanto calor, cómo eres capaz de resistirlo. Supongo que es el entorno el que te hace olvidar los embates del clima, el trópico en sí que es una losa de la cual uno no consigue desprenderse.

Son ya muchos años, nunca serán demasiados. Aquellos viejos tiempos no han de ser tratados con nostalgia; sencillamente han dado paso a otros, ni mejores ni peores, sólo distintos. Has sido muy feliz de muy diversas maneras y lo eres hoy, eso es lo que importa. Lo que me devuelve otra felicidad y tanta sonrisa.

Miro estas fotos que (nos) hicimos hace ya algunos años y me veo tan niño… Apenas recuerdo el ángulo de la cámara prestada. Recuerdo que se grababa en un diskette. Recuerdo que fue una tarde-noche de enero. En casa de Raúl. En San Rafael. ¿Éramos tan jóvenes! Tú y Estela y tus banderas rojas y nuestra atormentada ciudad. Y esta foto que bautizaste con este nombre, cuando sólo -y de cierto modo que sólo nosotros entendemos- nos teníamos a nosotros mismos.

Lo dicho: que te pienso, que te echo mucho de menos.

~ por Félix Hangelini en julio 20, 2010.

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