LA EUFORIA Y LA FURIA

Por ahí alguien ha dicho que el fútbol es la más importante de las cosas menos importantes. He de confesar que, habiendo nacido en un país con muy poca historia y tradición en el balompié, para mí siempre fue un juego absurdo el de perseguir una pelotita para meterla en una portería por unos interminables 90 minutos. No entendí la esencia de este deporte hasta bien entrada mi adolescencia, hasta que el mundo entero hacía reverencia a Maradona, el excelso futbolista que llevó a Argentina a conquistar el Mundial de 1986, y que empezó a causar furor en mi tierra con aquella maravillosa forma de mimar el balón. Ya no era sólo  el autor de la “mano de Dios” (una de las trampas autentificadas de la historia del deporte) o del que es probablemente el mejor gol de la historia, sino toda la filosofía que me hizo acercarme a un juego que se alejaba del béisbol o del voleibol, tan de moda en Cuba por aquellos años y hasta hoy, por los innumerables éxitos internacionales, algo que no puede decirse (aún) del fútbol antillano, anclado en un prehistórico recuerdo de unos cuartos de final del Mundial de 1938.

Mi primer equipo fue Argentina, aquella Argentina de 1990, que perdió su primer partido ante Camerún, y que me hizo disfrutar y sufrir a pares hasta la final, en aquel controvertido partido contra Alemania. La sensación tras la derrota fue amarga. Pero Alemania comenzaba a enterrar el esplendor argentino con un juego muy sólido, que visto desde la distancia, la hizo acreedora de aquel Mundial. Luego llegó 1994, y ya Argentina no me “enganchaba”, sino el Brasil de Romario y Bebeto, aquella máquina extraordinaria de hacer goles sin conceder opciones a los rivales (por entonces Maradona fue escandalosamente expulsado del Mundial por consumo de cocaína, dejando huérfano a su equipo). He de decir que entonces quería que Brasil ganara, después de tantos años, pero no por ningún absurdo sentimiento de fraternidad latinoamericana, sino porque sentía empatía por aquel jogo bonito, y el día de la final contra Italia incluso me subió la tensión arterial y acabé en el policlínico de 100, eso sí, después de la victoria en la tanda de penalties tras el fallo del gran Roberto Baggio. Pero fue justo en ese mismo Mundial donde me enamoré de la que sería ya mi Selección, aquella que he seguido y sigo desde entonces, no sé si por un sentimiento masoquista, o porque presentía que esa forma de jugar al fútbol estaba siendo injustamente vilipendiada por algún destino caprichoso: España. Y el partido que me hizo enamorarme de España fue aquel empate en la fase de grupos contra la todopoderosa y archifavorita Alemania, a la que odiaba con todas mis fuerzas tras su victoria del 90 y el paseo triunfal por los campos de todo el mundo.

Quizás (estoy casi seguro de esto) en los deportes, elijo posicionarme con aquellos que, pudiendo alcanzar el éxito, permanecen en un plano secundario. Así ha sido desde el inicio. Más que los genios, me atraen aquellos que trabajan en función de una meta elevada… Muchos, curiosamente, la consiguen. Tal vez esa sea la razón por la cual elegí a Anand en vez de a Kasparov; a Sánchez Vicario en vez de a Graf; a Agassi en vez de a Sampras; al Schumacher que vivía bajo la sombra de Senna; al Real Madrid que vivía bajo la sombra del Dream Team del Barcelona de aquellos años. En deportes donde no participaba mi país, mis preferencias funcionaban de este modo. Ver crecer a un jugador o a un equipo y alcanzar la cima me fue siempre más interesante que ver triunfar siempre a los mismos, el éxito fácil y seguro. Por eso elegí también a Nadal por encima de Federer. La alternativa ante la seguridad.

Digo esto porque aún siento que estoy viviendo un sueño, un enorme sueño que no acaba. España, la eterna candidata, la Furia Roja, o simplemente La Roja, aquel equipo modesto con pretensiones que se presentaba a los Mundiales y siempre salía escaldado, acaba de ganar anoche en Johannesburg su primera Copa Mundial de fútbol. Atrás quedan los recuerdos dolorosos del codazo de Tassotti que le partió la nariz a Luis Enrique en los cuartos del 94; la enorme decepción del 98, con la eliminación en primera ronda a pesar del 6-1 a Bulgaria, tras haber perdido con Nigeria y empatado con Paraguay… aquella tarde en que sólo pude escuchar el partido en la beca de 12 y Malecón con la mejor de las compañías posibles; mi tristeza llena de rabia e impotencia -dolor de cabeza incluido- tras la eliminación a manos de Corea del Sur en los cuartos del 2002, tras el último penalty fallado por Joaquín; y el ridículo contra los viejos rockeros franceses en octavos del 2006. España siempre prometía y nunca llegaba a tiempo. Ni en el penalty fallado por Raúl en el 2000 en la Eurocopa contra Francia, ni aquel equipo rácano y temeroso de Iñaki Sáez que perdió 1-0 contra Portugal y quedó eliminado en la Eurocopa de 2004. Pero esta España, curiosamente, necesitaba sacudirse los complejos, y lo hizo en la Eurocopa de 2008, y sobre todo en aquellos penalties en que derrotaron a Italia, la entonces campeona del mundo.

España 1- Italia 2, Copa del Mundo USA 1994 (cuartos de final)

España 6-Bulgaria 1, Copa Mundial Francia'98 (fase de grupos, España eliminada)

España 1-Francia 2, Eurocopa 2000 (cuartos de final)

España 0- Corea del Sur 0 (3-5 penalties), Mundial Corea-Japón 2002 (cuartos de final)

España 1-Francia 3, Copa Mundial Alemania 2006 (octavos de final)

El repunte de esta España, tengo que admitir, viene de la mano de una generación impresionante, en gran medida salida de la cantera del Barcelona, que ha sabido ser explotada por dos técnicos como Luis Aragonés y el infravalorado Vicente del Bosque. España y el Barça, como equipos, han sufrido destinos similares. Acomplejados en los momentos clave, les faltaba siempre dar ese golpe sobre la mesa, ser más competitivos, porque calidad siempre tuvieron para tocar la gloria. El Barça sólo contaba con una Liga de Campeones, de 1992; España, con una sola Eurocopa, la del lejano 1964. Pero La Masía se transformó de repente en una fábrica maravillosa y única de talentos, que cuajaron y coincidieron en la primera década del siglo XXI. Y del mismo modo que el Barça se ha convertido en el equipo de moda a nivel mundial, y su forma de jugar al fútbol es un referente del buen gusto y la belleza, la Selección Española también se puso de moda en los corrillos futboleros. Es curioso este paralelismo, pero está basado en una filosofía de juego: la movilidad del balón de centrocampistas que distribuyen como magos y agarran la pelota como si estuviera pegada a sus pies, con una visión extraordinaria de la movilidad de los jugadores y sus desmarques entre las líneas rivales. El colectivo, por encima de las individualidades. La solidaridad, jamás reñida con el truco sacado de la chistera. No sé qué fue primero, si la forma de jugar de Aragonés, o el esplendor blaugrana. Lo cierto es que, coincidiendo en el tiempo, ambas formas han tocado el cielo deportivo a la vez, porque la base de ambos equipos está en esos jugadores (y no sólo catalanes), que han madurado generacionalmente y han dejado su huella en la historia del deporte con una forma elaborada, manierista y sublime de jugar.

Seguidores cubanos celebran la victoria de España desde La Habana, 11 de julio de 2010 (foto: Reuters)

Anoche no fue una noche más. Fue la inolvidable celebración de una cita que estaba pactada desde hacía muchos años y que -reconozco- no creí que fuera jamás a vivir. En la Eurocopa del 2008 estaba ya tan hastiado y había perdido tanta fe, que sólo empecé a seguir a España desde los cuartos. Fue como darle una nueva oportunidad a un niño que intentaba superar una y otra vez sus propios límites en su crecimiento, límites que más que en sus capacidades físicas, radicaban en lo psicológico. No me defraudaron entonces; por primera vez los vi triunfar en un evento de jerarquía. Este año, sabiendo lo difícil de la empresa, no desistí ni siquiera tras la derrota ante Suiza. Sabía que estos chicos podían hacer algo grande, y que aunque sufriera, valdría la pena seguirlos, en el triunfo o la derrota. Hoy la parte española (canaria, catalana) de mi sangre se ha sentido muy orgullosa, y dentro de mí se ha cumplido otra de las máximas de mi vida: el esfuerzo, la perseverancia y la fe te ofrecerán, algún día, la oportunidad que esperas. Y como sé que nada es eterno, y que es sólo un juego donde mañana ya comenzará otro campeonato, otra meta, quiero disfrutar hoy, rojo y amarillo, sin ninguna implicación política, sabiendo que bajo el nombre de España muchos como yo, hoy nos sentimos finalmente obsequiados por un momento irrepetible y mágico. (Quizás lo más hermoso, bajo este triunfo, es que sé que hay alguien muy especial y muy lejos, que se estará acordando de mí, doce años después. Y supongo que sonreirá, porque sabe que a pesar de todo, tenía razón en mi fe.) ¿Y qué es la felicidad sino estas pequeñas cosas?

¡Gracias, España!

España, Campeona del Mundo 2010

Anuncios

~ por Félix Hangelini en julio 12, 2010.

2 comentarios to “LA EUFORIA Y LA FURIA”

  1. Seguir trabajando para ser mejor, hasta cuando todos han perdido la confianza en ti, hasta cuando la has perdido tu mismo… puede hacer que alcances tus sueños cuando nadie lo hubiera esperado. Porque efectivamente había madera, oculta, pero la había.
    Ese es el ejemplo que nos ha dado España y creo que en el fondo (y casi sin darnos cuenta) es una de las cosas que nos ha ilusionado de esta victoria, de nuestra roja. Es el espejo en el que nos queremos mirar y nos hace sentir que las ilusiones sirven.
    Ha sido como un reflejo de esperanza y de unión.
    Realmente es mucho más que futbol. Es una actitud y una ilusión.
    Y es muy bonito ^_^

  2. Hermoso lo que has escrito. Y nunca olvidaré que el maleficio lo vi romper a tu lado, en casa, gritando los goles como dos posesos cuando España finalmente ganó unos cuartos contra Italia, en la Eurocopa 2008.
    La ilusión es lo que nos queda. Y la vida nos enseña que lo que creíamos imposible, a veces se da.
    Un gran beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: