SEMPRE PIANGERÒ

Hace unos días mi amigo Joaquim publicó en su blog (In Fernem Land) este maravilloso duetto de Händel interpretado por otro de mis amigos, el contratenor francés Philippe Jaroussky, y la contralto canadiense Marie-Nicole Lemieux, una grabación de hace apenas unas semanas en el Théâtre des Champs-Élysées, en Paris. Es el dúo de Cornelia y su hijo Sesto en Giulio Cesare in Egitto (1723), tras la muerte de Pompeyo. Hay algo en esta lamentación que me hace penetrar en esa desolación, la desolación de la pérdida.

Las pérdidas tienen tantos significados según la naturaleza tan diversa de las almas. Traen consigo una amargura y también un aspecto positivo que no somos capaces de ver. Hay pérdidas que no elegimos y otras que sí. Por regla general, la mayoría son voluntarias, pero éstas -las voluntarias- son poco traumáticas. En cambio aquellas que sobrevienen, algunas de forma imprevisible, otras de forma paulatina, son muy dolorosas. Lo que perdemos a voluntad lo abandonamos porque nos resulta innecesario; también aquello que nos perjudica como un vicio que no nos permite seguir. Lo que perdemos sin querer sentimos que nos es hurtado, nos lo arrancan y nos dejan la mayoría de veces en un absoluto estado de indefensión. El dolor de la pérdida era algo insoportable y evitado por Dickinson. Prefería el “no tener” para no sentir esa devastación posterior.

La vida, sin embargo, ha de vivirse hacia adelante: es la única dirección que conocemos. Y a veces requiere sacrificios y despedidas que se imponen de forma natural. Alejarse de un modo definitivo (para mí lo temporal siempre ha significado también otra forma de morir) del objeto o del sujeto, a veces incluso aprender a alejarse de uno mismo, como en una muda de piel. Sin cobardía. Y es que al final siempre acabamos lamentándonos, o incluso llorando todo aquello que dejamos, aunque nadie nos vea o nadie lo sepa. Personas, razones, sentimientos. Casa, historia, circunstancia, ciudad, país. Plantas, animales, paisajes varios. Al final nada nos pertenece y todo sigue en cierto modo su viaje con nosotros.

Duetto

(Cornelia, poi Sesto)

Son nata a lagrimar/Son nato a sospirar
e il dolce mio conforto,
ah, sempre piangerò.

Se il fato ci tradì,
sereno e lieto dì
mai più sperar potrò.

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~ por Félix Hangelini en julio 3, 2010.

Una respuesta to “SEMPRE PIANGERÒ”

  1. Aquesta tarda tornant en tren a Barcelona, m’ha acompanyat aquesta gala Händel, que em vaig poder baixar sencera. ¿Què puc dir? Només que segons quins moments el cap i els peus seguien el ritme i el viatge se m’ha fet curt. M’agraden tots els seus interprets: Sandrine Piau, Marie Nicole Lemieux, Topi Lethipuu i moltíssim en Philippe Jaroussky. Fa unes setmanes vaig poder parlar amb Philippe Jaroussky a Angers, després del recital que ell i el seu grup Artaserse van dedicar a H.Purcell, una maravella que espero que aviat podem escoltar en algun CD.
    El duet de Cornelia i Sesto cantant l’ària Son nata a lagrimar, m’ha fet plorar més d’una vegada. La intensitat amb que la canten i la música que és preciosa, arriben fins l’ànima.

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