(OTRO) HOMENAJE A MI LENGUA

Me siento orgulloso de la lengua que hablo. No la elegí, me fue impuesta culturalmente. Sé que es el fruto de enormes y brutales imposiciones, de masacres históricas, del azar, de la ignorancia y la ambición humana. También de la sabiduría, de la interrogación del universo y de búsquedas interminables de la verdad. Pero quiero pensar que esta lengua que hoy me da vida, que me forma, que me identifica, y sobre la cual siento, transpiro y soy, no ha llegado a mí con ninguno de esos halos macabros, sino envuelta en las palabras de mis padres, de mi entorno, como un regalo que he sabido mimar, aprovechar y expandir. Con todos sus tonos, con todos sus matices. Desde la emoción de un simple sonido a la compleja construcción de su gramática.

Mi lengua es la lengua española. No es el castellano, como se le quiere diferenciar dentro de la Península, por asumir esta innegable diversidad cultural que implica el concepto de “España”. Yo hablo español. Despojado de todo significado político actual, despojado de toda carga semántica peyorativa. Un español que en Cuba se hizo más económico y tropical, ni más perfecto ni más imperfecto que en el resto de naciones hispanohablantes. Un español distinto y al mismo tiempo tan auténtico como el original. Escribo en español, que hoy puedo decir con orgullo es también una lengua universal.

No hay nada más hermoso que las palabras de mi lengua, nada más hermoso -aún con sus límites- que las emociones que puedo evocar entre la aliteración o la sinestesia de esas palabras. Palabras hermanas -por origen- de otras palabras en otras lenguas; con préstamos que han sido invitados, o interferencias que han abierto aún más el abanico de posibilidades entre barbarismos y extranjerismos y neologismos. No hay nada más triste que un arcaísmo olvidado, y nada más gracioso que un arcaísmo bien usado. Nada más elocuente que una metáfora y nada más coloquial y útil que una catacresis. Nada más extraña y patológicamente maravilloso que la glosolalia.

Dicen los creadores de homenajes que, por conmemorarse hoy un aniversario más de la muerte del gran Cervantes, es el día del idioma español. Sin embargo, con la lengua celebramos diariamente cada amanecer y cada anochecer. Con la lengua definimos y anulamos cada día. Con el grito cargado de sentido nacemos y con el estertor más inaudible morimos. Mientras, desfilan ante nosotros miles de millones de palabras entrelazadas que visten el mundo que conocemos y aquel que soñamos e imaginamos. Un día como hoy también murieron Shakespeare, Nabokov, Teresa de la Parra y hasta el Inca Garcilaso de la Vega. Pero yo me pregunto si no es mejor celebrar el día del nacimiento del Genio al día de su muerte (así somos de luctuosos siempre, de necrófilos). Dickinson decía que una palabra empieza a vivir justo en el momento en que es pronunciada. Que la muerte del sonido implicaría el nacimiento del sentido. En este eterno ciclo de la vida y la muerte concebimos también el destino de las lenguas.

Te invito a ti, que me lees, a que te sientas orgulloso u orgullosa también de cada palabra, de cada frase que construyes. También te ha sido concedido, como a mí, un don muy especial. Una materia que puedes convertir en clamor, en alarido, en susurro, en música, en silencio… en silencios múltiples y en naturaleza, porque en ellos tuvo origen. Porque esta misma lengua nos iguala y en ella encontramos la diferencia necesaria para enriquecer el mundo que vivimos.

Voy a celebrarlo, ya que insisten, con un poema. No será con uno de Cervantes (aunque bien podría), sino con el único poema que me emocionó en su misticismo mientras fui estudiante de Filología Hispánica en la universidad. Este será mi homenaje: recordar esas palabras que me produjeron un escalofrío que aún recuerdo, un escalofrío que me llevó cerca de Dios (quien quiera que fuese), que me reafirmaron en el amor hacia lo que estudiaba… esta lengua gracias a la cual también puedo escribir este blog y perderme y convertirme también en Bosque.

NOCHE OSCURA DEL ALMA, San Juan de la Cruz

Canciones del alma que se goza de haber llegado al
alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual.

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

~ por Félix Hangelini en abril 23, 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: