RECUERDOS QUE NUNCA TUVE

Mientras pasan los años, cada vez más lamento no haberte conocido, no haber oído tu voz, no haberme detenido a reposar en la paz de tus ojos. He visto todas tus fotografías y en cada una de ellas hay una sombra viva que me despierta y me interroga, un rictus, un alma más allá del retrato, una dulzura que me salpica y me cuida. Sé que no soy de los que más te echan de menos. Nací sin que estuvieras, crecí, me hice persona sin una sola palabra tuya. Pero hoy me haces mucha falta.

Cada año descubro algo distinto sobre tu vida. Hace apenas un mes descubrí todo tu sufrimiento. Descubrí que nada era perfecto como decían, que te lastimaron mucho y seguiste ahí, firme, cuidando de tus tres hijas contra viento y marea. Después de ti, ya no creo en cosas justas, no creo en ninguna felicidad por incompleta, como tampoco en ningún futuro. Debí tener la ocasión de conocerte, tenías tantas cosas que decirme, tanto mundo que mostrarme… aunque siempre viajas conmigo, probablemente en la caricia más dulce que siento en mi mejilla al dormir.

Un día como hoy, habrías cumplido 78 años. Quizás, si estuvieras entre nosotros aún, yo estaría cerca de ti para celebrarlos. Quizás nunca me hubiera ido de Cuba. Quizás no hubiera siquiera nacido. O sí, quizás hubiera ocurrido todo lo anterior y hoy hubiera levantado el teléfono para decirte que te recuerdo, entre las rosas amarillas del jardín de mi bisabuela, entre el olor a ropa limpia y a cedro blanco, violetas y mariposas. Y no existirían esas marcas que llevamos muy adentro, este vacío aterrador y sin nombre.

Te fuiste primero, te arrancaron, te llevó un rayo impredecible, absurdo, como el mismo cielo de 1969. El mismo rayo que devastó vidas enteras y las condenó a vagar en caminos ásperos y sin sentido. O quizás tuviste que irte para que otro rayo no me calcinara aquella tarde de junio de 1993, en aquel banco con barrotes de hierro del internado; banco del que huí por la inminente tormenta, y el cual medio minuto después hervía, humeaba tras aquel estruendo espantoso que nos dejó sordos.

De alguna manera me acompañas, quiero pensar, en estos recuerdos tuyos que nunca tuve, porque no me fueron concedidos. Miro tu cara en el único retrato que conservo, que llevo conmigo, y te veo más allá de ese resplandor, cada vez más perdiéndose las líneas de tu rostro, pero sonriendo, siempre con esa sonrisa encantadora y frágil y sencilla. En la humildad, en la generosidad, en la ternura.

No importa donde estés, todo lo que escribo desde mi silencio, lo escribo pensando en ti, mi amada abuela Inés. Pensando en tu delicadeza y en todas tus lágrimas, que son también las lágrimas de mi madre. Cuando ya nadie recuerde quién eras, lo que hiciste y amaste y viviste y sufriste en tus cortos treinta y siete años, aquí estaré yo, con tu silencio en mi silencio, mirando fijamente tus ojos en esta foto, ojos que creo recordar cuando cierro los míos y me hago tantas preguntas. Sólo en tu mirada maternal hallo respuestas.

~ por Félix Hangelini en abril 20, 2010.

8 comentarios to “RECUERDOS QUE NUNCA TUVE”

  1. Esa foto de mi madre la recuerdo como si fuera ahora mismo, fue en casa de Angelita, una vez que vino con papi enfermo. Siempre fue así, risueña y triste a la vez, ni yo guardo muchos recuerdos de detalles que ahora pudiéramos ir hilvanando para conocer muchas mas cosas, pero así es la vida y sólo las personas previsoras piensan en el futuro para que algo quede en la memoria de la gente que nos quiere. Quizás tú sí seas así, o será también los recursos y el tiempo que cambia, la manera de pensar, de vivir. Hoy yo también me levanté triste, recuerdo mucho a mi madre, pero confieso que mucho mas a mi padre, del que hablo todos los días de este mundo!!! De mi madre guardo su lealtad, su limpieza, su orden, su constancia y su tristeza…de mi padre todo lo que soy y pude ser, su bonanza y su dedicación. Bueno, que son las personas más importantes para uno, antes que aparezcan los hijos, que luego llegan para llenarnos de alegrías, de preocupaciones y de momentos que nos hacen conocer y saber verdaderamente todo lo que las madres y los padres fueron capaces de sacrificar y hacer por uno/a, entonces los valoramos y queremos mucho más.

  2. Gracias por tu sensibilidad Félix, es una de las unicas maravillas que no nos pueden robar aunque lloremos.

  3. Bienvenido a mi rinconcito, Armando. Voy a poner un enlace a tu blog desde el mío. Un abrazo.

  4. Me conmovió.

  5. Bienvenida, Sira.🙂

  6. Conmovedor! Del mismo modo siento a mi bisabuela. Sus historias me rondan desde que tengo uso de razón y le hablo aunque nunca la conocí.

  7. Marianne, anoche soñé con mi bisabuela. Es el sueño más largo que he tenido con ella. ¿Tal vez por haber leído tu comentario antes de dormir? No lo sé.

    A mi abuela -la que evoco en estas líneas- no pude conocerla. Es una pena, me habría encantado. Aunque probablemente si hubiera vivido, si no la hubiera matado el fatídico rayo, yo probablemente no hubiera nacido.

    Un abrazo.

  8. Un abrazo para tí, Félix. Realmente, los sueños son una bendición cuando nos devuelven a los que han partido.

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