PACIENCIA

Decía Luisa Pérez de Zambrana en su novela Angélica y Estrella que “la paciencia es la virtud que nos salva de todos los naufragios de la vida”. A ella también apelaba Adriano, en las memorias escritas por Marguerite Yourcenar. A ella irremediablemente debemos estar atados en el vertiginoso movimiento del mundo. Paciencia para leer y luego escribir, para razonar y luego reaccionar… para saber esperar, calcular y actuar.

La misma paciencia, congelada en el tiempo -y por tanto, eterna- de ese “Perro semihundido” de Goya. ¿Nada por la supervivencia o va a alguna parte? ¿En agua turbia, ciénaga o arena? Saca la cabeza, está vivo, pero no tiene ninguna de las expresiones que plasma Géricault en “Le Radeau de la Méduse”; la suya está indefinida, aunque la podemos imaginar a conveniencia: el cansancio, la soledad, la ilusión, el deseo de llegar a puerto seguro, la resignación, la impotencia, la esperanza, la fe, la resistencia. Podemos dudar de todo, escoger incluso, pero sólo hay algo evidente en él: la Paciencia. Paciencia para la sorpresa, para el cambio de suerte, o para el advenimiento del inevitable final.

¿Cómo podríamos sobrevivir sin Ella?

Quien se instala en la desesperación, se mueve en un alud. Porque las emociones descontroladas son, en muchas ocasiones, simples actos de traición sin engranaje, como brazos que reman en direcciones distintas.

Por eso he escrito su nombre, “PACIENCIA”, esta tarde en un trozo de papel, y lo he colgado en la pared frente a mi escritorio. (Debería escribir también “Nosce te ipsum”.) Respirar profundo. Abrir los libros, las ventanas. Sentarme a escribir. Es el único modo de avanzar, de llegar a alguna parte que sea verdaderamente mía, algo palpable. Aunque oigas todos esos portazos que han estallado en tu vida, como la explosión de una estrella en tu oído.

~ por Félix Hangelini en abril 10, 2010.

4 comentarios to “PACIENCIA”

  1. El texto es de culto, y el tercer párrafo es para grabar donde se pueda leer con asiduidad.

  2. Para mí, el perro semihundido siempre fue el “Tombuctú” de Paul Auster, medio animal, medio hombre, con las desgracias caninas de un vagabundo y la inteligencia de un hombre ilustrado, pero sumergido en las ciénagas sociales. El día que pude contemplarlo en el Prado fue una auténtica revelación personal, hay que avanzar contra lo inevitable y vencer.
    ¡Mucha suerte Félix!

  3. Gracias, Dante. Estoy empezando a comprender que la Paciencia es un breve catálogo de pasos que han de conjuntarse, y no sólo una actitud. Apuntar a algún sitio, e insistir en la visión, sin que nada turbe el enfoque. Digamos que este momento necesito paciencia, perseverancia, disciplina. Un abrazo.

    PS Muy interesante tu blog de cine.

  4. Y ya me parecía que había visto tu blog antes, y no pillaba, ahora que me enviaste por email tu dirección de correo a raíz de otro tema, te he reconocido, jaja. Más vale tarde que nunca… No creas que conozco a todos los que comentan por aquí, ya me gustaría.

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