SOLARES HABANEROS

Crecí en un barrio periférico de la ciudad de La Habana. En un (atípico) solar habanero del barrio de Regla, antiguamente pueblo de pescadores, de marineros, de comerciantes. (Otrora pueblo de prostíbulos.) De santeros y paleros y sociedades religiosas y confraternidades, y de gente muy humilde y trabajadora. Ciudad mágica.

Para llegar a Regla hay que atravesar la Bahía de La Habana; hoy se usan lanchas -aunque también puede irse por carretera-, y antiguamente se podían utilizar embarcaciones menores y también el ferry. Bebí durante toda mi niñez de la cultura popular más auténtica, en ella crecí, a ella en cierto modo también me debo. Del mismo modo que sé bailar una danza de salón, puedo bailar un guaguancó. En el solar se oían tambores, gritos, música pop setentera y ochentera, guaracha, son, salsa, violines a los orishas… y chusmería, chancleteo, frases obscenas, refranes y sabiduría popular… y también se vivía, se vivía en una burbuja que sólo comprende quien ha vivido en un solar de La Habana.

En aquellos solares la palabra Revolución significaba menos que en cualquier otro sitio, mientras hacías cola para vaciar los orinales en las cloacas y se hacían los últimos chistes populares y se discutía de béisbol o de cualquier otro tema sin mucha relevancia, e incluso se convivía con la violencia social.

Lo mismo por la mañana podías escuchar Radio Reloj desde la radio de tu vecino, el despertador inoportuno, la letrina colectiva (por suerte se fueron construyendo baños en cada apartamento), el ruido de la lluvia sobre las tejas, sobre el zinc o los tanques de agua. Los perros y los gatos hacinados y callejeros, y la fetidez de sus heces y la orina. El olor a mar, a agua estancada, a charco, a sebo o sosa cáustica, a petróleo. Las tardes pegajosas en el placer de La Piedra. El ruido y la ceniza de la termoeléctrica. Las tendederas con hilos gruesos y palos largos justo al lado de las puertas de entrada. Mi madre estudiando Economía. Las paredes descascarándose por la humedad excesiva. El olor de la comida cubana, mezclándose los diferentes platos que cocinaban cada uno de los diecinueve apartamentos que entonces constituían el solar.

Crecí, comprendí, me hice persona también en una de las calles más pequeñas y antiguas de Regla, una calle desde donde se veían entrar y salir barcos soviéticos a los que los niños pequeños solían ir (por aquellos años los muelles eran de fácil acceso) a pedir chiclets o a gritar en un ruso que ningún niño sabía. Tengo una larguísima lista de anécdotas que algún día escribiré. De todos los seres que conocí; muchos de ellos están repartidos por el mundo hoy. Pero a todos, tan iguales y distintos, raros o maravillosos, nos unieron aquellos años. Yo, siendo niño, un niño travieso y cantarín, inquieto y lleno de dudas, que lo mismo improvisaba un teatro entre piedras y rastrojos que me pasaba repasando a alumnos imaginarios, o a mi no imaginaria vecina, dos años menor que yo.

Escribo esto porque he estado viendo este video de un documental de Rogelio Paris, rodado en un solar habanero en 1964. Aunque no se parece al solar de mi infancia, sí recupera ese ambiente de pobreza y al mismo tiempo de confluencia humana donde cada cual luchaba por sobrevivir de la mejor manera. Donde casi siempre veías a tus vecinos como tu familia, porque eran los únicos con quienes podías contar en caso de emergencia.

Fueron trece años que no podré borrar nunca de mi imaginario. Quien reniega de sus raíces, reniega de sí mismo. Y yo aprendí mucho de la vida entre aquellos barrotes y aquellas eternas humedades.

~ por Félix Hangelini en marzo 26, 2010.

11 comentarios to “SOLARES HABANEROS”

  1. La tierra llama.

  2. Por cierto, la de arriba es la foto del solar donde viví de 1978 a 1991. El cuarto donde vivíamos se encontraba casi al final, a la izquierda de la foto.

  3. Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.
    ” Séneca “. Me encanta tu forma de contar las cosas. Un beso.

  4. Bienvenida al Bosque, Pilar. Lo que dice es muy cierto. En esto de las nacionalidades no vale la grandeza sino la familiaridad, lo que representa en la historia individual de cada uno. Lo entiendo mejor mientras escribo mi tesis. La patria no es algo que se elige, pero tampoco es algo se impone: la patria se siente, por muy esquiva o altiva que sea. Y contra eso es inútil luchar. Un gran abrazo.

  5. Entonces, eres un solariego???.

  6. No, Alejo. Viví en un solar, que es distinto a ser solariego.
    Qué raro que preguntes si tú conoces cómo soy…😉

  7. Es broma,aunque tengo que refinar mi sentido del humor. Con lo de Ricky me paso lo mismo no entendistes la broma. Claro que te conozco y me encanta leer tu blog. Tienes una manera muy peculiar de ver la vida, puntos de vista muy reales algunas veces y otras demasiado exagerados o extremadamente complicados.Tu blog es un baño de cultura para mi, muchas de las cosas que comentas ni tan siquiera las conocía.

    Un abrazo

    Alejo

  8. Es la falta de roce, Alejo. Tantos años separados (casi quince) hace que uno tenga más cuidado y capte menos las sutilezas y el sentido del humor. Lo de Ricky lo entendí, aunque no lo creas.
    Sobre la complejidad, ya sabes que viene de fábrica con el producto. A veces me enredo en mis propios laberintos. Forma parte del encanto, supongo. Un abrazote.😉

  9. Ay hijo, y pensar que ese solar sigue igualito, con una diferencia, ahora apenas se siente a la gente, el olor a sebo ha mejorado, siguen los otros olores, y algunos cuartos se han reconstruído. Queda poca gente de aquellos años allí, los que quedan te recuerdan con gran cariño, recuerdan al Ernestico inquieto e inteligente, para Silvio, aún ahí, eres un “genio”, jaja. Igual para mí, pero yo soy tu madre y para una madre los hijos siempre son “geniecillos”. Allí queda Mima, viejecita muy bonita que ayuda a todos y está al tanto de llenar los tanques de agua de todos los del solar, llamar a los que se quedan dormidos en las mañanas tocando a sus puertas y pagar la electricidad colectiva, qué resistencia y qué fortaleza de carácter tras su rostro dulce!! De esa foto sólo hay un cambio, los relojes contadores de electricidad, a la entrada, son mas modernos.
    Qué bueno que has escrito sobre Rafaelli 9, allí creciste sí, pero aunque lo recuerdes no tuvo influencia en tu formación ni en tu educación, de ahí que diga siempre que cada persona aprende bien lo que quiere y de que el entorno no determina en su educación, tú eres vivo ejemplo de ello.
    Allí yo fui más feliz que en otra parte y sabes? allí estoy regresando nuevamente, será porque volveré a ser feliz?
    Mami.

  10. Gracias Félix… Tus amigos de Regla, La Lenin, Universidad, en fin, los amigos de una vida, te recordaremos siempre.

    Yunia.

  11. Hola Félix!
    La verdad me gustó mucho tu texto creo que no hay cosa como el amor de las personas a su tierra. Yo soy mexicano y acá existen unas viviendas parecidas que se llaman vecindades y ocurre lo mismo. Nos son casas perfectas pero la gente aprende a ser vecino a convivir y a ayudar. Aunque yo nuca viví en una vecindad, mis abuelos me cuentaron sobre la vida en ellas. A tal grado me interesan que estoy haciendo mi tesis de licenciatura en historia de las vecindades.
    Te texto es inspirador, Saludos.

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