EN FIN, EL MAR

De entre todos los poemas de nuestra niñez y adolescencia, que estudiábamos en la escuela primaria, hay uno que nos hacía mucha gracia por la multiplicidad de interpretaciones, sobre todo las que guardaban relación con el desarrollo en la pubertad. Es harto conocida la capacidad imaginativa del cubano para reírse de cualquier suceso, de hacer una fiesta de un velorio y burlarse de su mala fortuna. Creo que por eso hemos sobrevivido estos últimos siglos a tantas inclemencias: guerras, esclavitud, fenómenos naturales, dictaduras varias, ocupaciones extranjeras, hostigamientos. Sin embargo, en aquellos años -en los 80- aprendimos en la escuela aquellos poemas de Nicolás Guillén (1902-1989) -hoy bastante olvidado, pero por entonces el irrebatible Poeta Nacional, cantor de los negros y mulatos, de los trabajadores, de las clases más pobres- y sobre todo, aquel que nos hablaba de las conquistas, de los cambios en principio irrevocables que la Revolución Cubana había producido a partir de su triunfo de 1959.

Todo el que me conoce sabe que no usaré este blog para hablar de política, no necesito utilizar este espacio como terapia para dar vía libre a mis ideas políticas -que las tengo, sin duda- porque el día que quiera hacerlo abriré otro blog y me explayaré a gusto. De momento, hoy sólo quiero traer este poema que tantas alegrías nos hizo pasar, a través de las bromas de mis compañeros de clase. Un poema que incluso examinamos y que nos revela -al menos a mí- que el tiempo nos ha pasado por encima con la fuerza de un huracán. Y lo peor es que a muchos nos ha dado tiempo a reflexionar.

Recuerdo que los que crecimos en los 80 y los 90 hacíamos la broma de usar uno de los versos, que servía de muletilla para acabar las conversaciones, para ser reticentes sobre lo que no tiene solución o lo sobreentendido. Hoy muchos seguimos diciendo “En fin, el mar” (o su versión apócrifa “En fin, el bar”)… y en cierto modo homenajeamos inconscientemente lo que ha sido nuestra niñez, nuestra adolescencia, nuestra primera juventud en aquella sociedad que hoy vemos tan distante, tan ajena.

Mi hermano menor tiene 21 años y no conoce este texto de 1964. Así que esta entrada se la dedico a él. Y a todos los que nos reíamos recitando estos versos en el patio de la primaria o en el aula de espera antes de poder irnos a casa. Una casa, mi casa, que hoy ya no “tengo”.

TENGO, Nicolás Guillén

Cuando me veo y toco
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.

Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.

Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.

Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
no country,
no jailáif,
no tennis y no yatch,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.

Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reír.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.

~ por Félix Hangelini en marzo 18, 2010.

2 comentarios to “EN FIN, EL MAR”

  1. gigante azul abierto democrático:
    en fin, un policía.

    Eso era algo que decían a finales de los 80 y luego en los 90 los rockeros. Los más jóvenes también lo habrán olvidado. Guillén (con este poema y con “Che Comandante” (que proporcionó aquello de “tú lo sabías, Guevara, pero no lo dijiste por modestia”) y Martí (sobre todo con “Los zapaticos de rosa”) proporcionaron varias expresiones que se incorporaron durante un tiempo al habla popular. No sé si las de Martí duren. Supongo que sí aquella de “yo tengo más en mi casa” o lo de “hay sol bueno, mar de espuma, arena fina y Pilar” para hablar del clima, pero no sé lo de “pasó el tiempo y pasó un aguila por el mar”; yo todavía la uso y la gente me mira raro.

  2. Las de Martí duran más, son menos espinosas, y se prestan a menos carga política si se las mira desde la distancia. (Aunque quedan algunos versos como el de “Alberto el militar… echando un bote a la mar” que se empezó a usar desde la ya mítica crisis de los balseros). Yo también uso la expresión del águila por el mar y también me miran raro. Pero “Tengo” ha sido excluida de los programas de estudio de la primaria…

    A ver si actualizas tu blog, que está durmiendo un sueño interminable.

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