FÉLIX MARIO

Esta será probablemente mi última entrada del blog en buen tiempo: anuncio mi ausencia. No será indefinida, sino temporal, tanto como necesite para poder sacar adelante mi último reto.

Hoy, en muchos sentidos, ha sido un día bastante especial. He conocido Girona bajo el sol -al menos parcialmente-. He visto los paisajes más cinematográficos de mi vida, muy cerca de Sils, un bosque inmenso de pinos secos, y cientos de ovejas pastando entre ellos. He pasado de largo una estación y me han cerrado una puerta. Regreso a casa y tomo decisiones. Y sobre todo, recuerdo a mi abuelo Félix Mario “Ñeñe”, que falleció un 28 de enero de 2001, probablemente la persona más noble que yo haya conocido, y quien lamentablemente no tuvo conmigo demasiado trato.

Nunca le gustaron los niños, y yo fui su nieto mayor. A veces lo sentía como una sombra por la casa, entraba y salía sin avisar, sólo coincidíamos en la mesa para desayunar, almorzar o comer. Casi siempre lo hacía antes que todos nosotros, porque era diabético y tenía sus horarios, y luego se recluía en la casita de tabaco a secar hojas y escuchar la radio.

Lamento mucho no haber conocido mejor a mi abuelo, pero hay cosas que no dependen de uno. Siempre fui un niño atrevido, (demasiado) curioso, muy cariñoso. Así me recuerdan todos y así me recuerdo yo mismo. Pero no sé por qué mi abuelo -a quien le debo mi nombre- no fue muy cercano a mí. Incluso alguna vez se comportaba como un niño y se echaba ranas en los bolsillos, sabiendo del pánico que yo les tenía, para que viera cómo le latía el bolsillo, mientras él me decía que era su corazón y que lo podía tocar. Siempre supe que eran ranas, por su forma de disimular la maldad y porque mi bisabuela lo regañaba por asustarme.

Los últimos años de su vida, sólo hacía sonreír. Pequeño, muy ágil, nunca lo oí levantar la voz y era muy querido entre sus sobrinos y hermanos. Fue un masón de alta jerarquía, y en cierto sentido la mano derecha de la familia, llevaba casi todas las cuestiones familiares y se encargaba de representar a la familia en todo tipo de eventos. También fue un consabido negociante de anécdotas muy curiosas.

La última imagen que tengo de él es metidos dentro de un coche, llevándolo al Santuario del Rincón, donde había hecho una promesa a San Lázaro cada vez que visitara La Habana. Allí, en su espacito, comprimido entre todos; allí cabía él, y esa pequeñez ha sido también su forma de trascendencia. Me alegro de que haya vivido sus 82 años, que ya son bastante y que yo no viviré. Y me alegro de haberlo conocido. Por eso hoy, el día del cierre temporal del Bosque, quiero dedicárselo a él.

Donde quiera que estés, con todo el amor de tu nieto, el otro Félix, para ti simplemente Ernestico.

~ por Félix Hangelini en enero 28, 2010.

10 comentarios to “FÉLIX MARIO”

  1. Que bonito escrito, ojala yo pudiera decir lo mismo de mis abuelos pero por desgracia a uno no le conocí y al otro ojala nunca le hubiera conocido. Esta claro que necesitas tu tiempo para reponer fuerzas y seguir adelante…espero que eso no signifique dejar de hablarme pues durante estos dias me has alegrado la noche con tus escritos y tambien te tengo que decir que salvaste mi viaje…Con certeza seguro que acabas por aparecer de nuevo aunque en el fondo espero que no sea muy larga la ausencia.

    Besos

  2. por cierto que carita de sorprendido que tienes en la foto 🙂

  3. Denisse, ¿cómo piensas que dejaré de hablarte? Ya mantendremos el contacto, pero necesito acabar mi tesis, llevo más de un mes de retraso… ahora comprendo que ha sido verdaderamente tiempo perdido.
    Mi abuelo fue bastante infeliz. Viudo a los 51 años con tres hijas que mantener (a mi abuela la fulminó un rayo en 1969), y encima a una de ellas la perdió dos años antes de él morir. Vio pasar a tanta gente… asistió a tantos y ayudó desinteresadamente a tantos otros… eso es herencia familiar, parece. Cuando murió, sin embargo, no hubo flores que ponerle, pues el país se volcó en el entierro de un popular cantante, y no había coronas para mi abuelo.
    Sin embargo, su mayor lección fue su sonrisa. Era raro verlo triste. Cuando murió su hija, yo me detuve a mirarlo fijamente, y era como si el dolor no tuviera gesto en él, se quedaba serio, sin hablar, sin llorar, como volcado hacia sí mismo. No sé cómo aguantó tanto. Y sin embargo, era tan fácil verlo sonreír… con esa sonrisa pícara y traviesa llena de matices de quien ha conocido lo mejor y lo peor. Por eso siempre pienso que a pesar de todo lo que nos pueda pasar, hay que levantar la cabeza y seguir sonriendo. Una sonrisa puede, quizás no con todo, pero sí con cosas verdaderamente asombrosas.
    La foto es de cuando yo tenía dos años, en 1979. 🙂

  4. bueno,me gustaría ser tan optimista como tu abuelo,aunque ahora mismo se me escape alguna lagrima.

  5. Ayer no pude escribir mi comentario porque se cayó la conexión a internet, ya sabes, cosas de mi país…..
    Sí, constato lo que dices, así era tu abuelo, mi padre. Muy querido por toda la familia, especialmente sus sobrina/os, porque se encargó de llevarlos siempre a pasear en vacaciones junto a nosotras, sus hijas, gracias a él toda/os conocieron La Habana. Muy inteligente, electrónico empírico (Será eso lo que heredó Mayito?) y de un carácter muy especial, siempre estaba cantando.
    Un excelente padre, sacrificó su vida personal luego de enviudar joven por sus tres hijas, a quienes no quiso ponernos madrastra, confesión que me hizo personalmente a mí cuando le hablé del tema. Y cumplió su rol de padre-madre hasta su muerte.Sufrió mucho sí, porque tal y como dices, vio pasar a muchos familiares, a su hermano que se le murió en sus brazos, luego a su padre, su madre, pero pienso que los golpes mas fuertes fueron los de mi madre y mi hermana, y siempre mantuvo esa calma aparente y su deseo de servir a todos desinteresadamente, una virtud que lo caracterizó, así fue con todos los que se le acercaban en busca de su ayuda o apoyo.
    Creo que es el mejor homenaje que se le hace, porque su recuerdo está presente en nosotros y su ejemplo también.
    Gracias hijo, porque tú, como siempre, también te encargas de la familia.

  6. Ya he visto que este no era tu último post en mucho tiempo y me alegro.
    No hago comentarios, pero me gusta leerte y si te tomas un respiro será una buena decisión, puesto que así lo deseas, pero no te lo tomes muy a pecho y actualiza de vez en cuando, tus posts SIEMPRE me hacen pensar. Es un placer
    Un abrazo.

  7. Gracias, Joaquim. Tus palabras, tu visita, tu lectura, son siempre un privilegio y un gran estímulo. Un fuerte abrazo.

  8. Como podéis percataros, no ha sido mi último post en largo tiempo, como anuncié. Forma parte de mi inestabilidad… ¿qué se le va a hacer?

  9. “Me alegro de que haya vivido sus 82 años, que ya son bastante y que yo no viviré”.
    “Por eso siempre pienso que a pesar de todo lo que nos pueda pasar, hay que levantar la cabeza y seguir sonriendo. Una sonrisa puede, quizás no con todo, pero sí con cosas verdaderamente asombrosas”

    • Ay, Feluco pero cómo imaginar que tu vida sería tan corta y tronchada de forma tan atroz?
      Trataremos, tus amigos, de esbozar esa sonrisa, a pesar de tu ausencia física. Te lo debemos.

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