AVES DE PASO

“Hay días en que todo parece detenerse…” Hace más de dos años escribí este verso, pensando en Venecia, y al mismo tiempo embargado por una melancolía que me visita a ratos, y me hace pensar en todas aquellas personas que han pasado por mi vida y se han ido de un modo apresurado. Creo que son pocas, poquísimas las personas que he echado a un lado. No me gustan las compañías cobardes, las que se instalan en el perpetuo rencor, la gente que sólo me va a producir dolor y dudas intento apartarlas de mi camino, pero no las pierdo jamás de vista; sé dónde están, precisamente para no irlas a buscar. El masoquismo nunca ha sido mi vocación. Hasta hoy todo aquel que se autodeclare mi “enemigo”, es porque así lo ha elegido. Creo que yo mismo no he elegido enemigos (no comparto el espíritu de Wilde) y al menos no me interesa tenerlos. Mis mayores enemigos son la estupidez -a la que soy alérgico- y los dictadores, en el más amplio sentido del término.

Repito, hay gente que entra y sale de nuestras vidas, porque es la dinámica del vivir. Hay otros que están desde el inicio y se quedan hasta el final. Otros abordan un poco más tarde y te dejan pensando por qué no han subido antes. Otros deciden bajarse espontáneamente de la barca. Todo es respetable, pero también de algún modo cada abandono implica una muerte. A veces necesaria -con el tiempo se constata-, y a veces lamentable. Pero hay dolores más intensos en la vida, y estas ausencias muchas veces dejan un regusto amargo, una melancolía… que se desvanece rápidamente cuando se piensa en los que sí están.

Hay pocas personas, poquísimas, de las que me arrepiento que no estén hoy en este barco que intento conducir a alguna parte (hay una que duele intensa y especialmente). Y no me refiero a los que han dejado de existir, que son como aquellos personajes que ya no es posible volver a ver en la historia que protagonizas y producen un quejido bien distinto… Me refiero a los que me ha quitado la propia vida. Los que decidieron salirse, a veces de una forma bastante abrupta, torpe, obstinada. Nunca sabré si se habrán arrepentido de haberlo hecho, de haberse ido. El orgullo humano es algo inmensurable. Dicen que la vida ofrece segundas oportunidades pero he aprendido a no esperarlas, pues siempre que esperé nunca llegaron. Cuando arrojé las banderas, me tocaron a la puerta. No todo regreso viene precedido de fanfarrias.

De alguna manera la vida está repleta de aves de paso. Aquellos que un día conocimos y que no hemos vuelto a ver, el día del reencuentro nos percatamos de que ya no son los mismos, como reza el archifamoso verso de Neruda. Es como si cada día transformara algo, matara y engendrara algo. Entonces todo es “nuevo” y al mismo tiempo no. La insistencia en reconstruir el pasado puede convertirse en enfermedad. Una vez que un ave ha migrado, el regreso no siempre devuelve la visión deslumbrante. No es lo mismo el regreso de un amigo (de un buen amigo a quien se ha querido y de algún modo se ha esperado) que el regreso de un amor. Generalmente el amor es algo que nunca regresa, y si lo hace, vuelve con el ala rota.

Digo esto y constato que sigo viendo aves de paso cada día, a veces con demasiada frecuencia. Gente que insiste en pasar, en irse. No los retendré. Ya ha pasado el tiempo en que quise retener lo que quería. No tendré el egoísmo infantil de Julia Pérez Montes de Oca culpando al sinsonte de su fuga… pero tampoco quiero asumir el regaño de su hermana Luisa. Todo el mundo tiene derecho a llorar, a quejarse, a ser fuerte, a seguir, a decidir… a equivocarse… y a acertar. Ya no juzgo. Me limito a seguir.

Y en cierto modo, yo también he escogido a veces ser ave de paso. O aquellos que me han abandonado me han convertido en una. Contra eso no puedo hacer nada. Es totalmente inútil.

(Esta entrada, con los días, sé que me parecerá un soberano disparate. Siempre habrá tiempo de corregirlo.)

~ por Félix Hangelini en enero 17, 2010.

Una respuesta to “AVES DE PASO”

  1. Nunca me he curado de mis aves de paso. Nunca he conseguido que “pasen” del todo. Me sorprendo a veces haciéndoles nido todavía a ver si me visitan alguna primavera. Nada me revienta más que ser “el paso”. Me aterra cada vez que pienso en los que solo estuvieron para reponer fuerzas. Y yo que sigo pensando que el amor no se acaba sino que cambia de forma… justificaciones para seguir dándoles de comer…

    Deberíamos meternos a avicultores, mira que se nos da el tema y pa los pajaritos que están buscando jaula que me escriban… jajaja

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