QUASIMODO: UN NIÑO QUE TEME A LOS MUERTOS

Desde mi primera lectura de la obra de Salvatore Quasimodo (1901-1968), Premio Nobel de Literatura 1959, hubo un aspecto que me llamó poderosamente la atención, más allá de su consabido hermetismo, y su tono (en la parte final de su producción, más vinculado a la tradición poética italiana): la presencia de la muerte como motivo.  

SQ_bambino

En la obra de Quasimodo sobresalen metáforas y símbolos que confluyen en la conformación de un universo poético perfectamente pensado y matizado. Tal vez los símbolos que mejor se integran al afán del poeta son “la noche” y “la muerte”. Vistos como correlatos semánticos en la mayoría de los versos (y nótese la proximidad que la tradición lírica ha suscitado entre estos términos), la noche y la muerte, unidas por su relación con “lo Oscuro”, apuntan hacia una comprensión particularizada del “sufrimiento humano”. Si tomamos en consideración las conquistas del romanticismo, tal vez podría pensarse que esta experiencia parte desde esa lejana circunstancia. Pero no sólo de allí. Si se indaga a fondo en la poesía de Quasimodo, muchas veces transida de una intimidad, de una delicadeza, de un pathos realmente estremecedor, podría encontrarse la huella de la poesía griega, pero más que de ella, de la experiencia de la poesía pura y del culto a la palabra, tan promovido por Stephane Mallarmé. Es cierto que Quasimodo cierra la llamada “primera etapa del hermetismo”, como apuntó Librado Basilio, y que con él la poesía italiana alcanza una expresión más directa (sobre todo en la etapa final de su producción). Pero esto no excluye la posibilidad de que Quasimodo se entregue a la búsqueda de un modo de representación del sufrimiento, recalando en un discurso plagado de subjetividad y de una visualización desgarradora del mundo circundante. Podría pensarse en un discurso donde prima la negación, la desesperación como componente irrenunciable del temperamento de la contemporaneidad, el azoro ante la circunstancia terrenal, el sentimiento de lo paradójico expresado en el carácter contemplativo de la existencia. El sujeto (podríamos decir Quasimodo) es como un niño que advierte la desolación, la levedad, lo “Oscuro” en cada una de las cosas que le circundan. Observa detenidamente, detalla, y luego se disuelve en esa videncia, porque no encuentra un modo de salir de ella. Es un afán de integración al mundo creado, una especie de adentro/afuera del que el hablante no puede escapar ni definirse. Al leer a Quasimodo nos hallamos ante la fusión/confusión del autor y el hablante poético, y en ello recuerdo la definición del texto lírico ofrecida por el teórico soviético Iuri Levin, al proponer que este (el texto lírico) es una cita del yo que enuncia. 

La noche está siempre presente en el discurso de Quasimodo. En su poema “Ed è subito sera”, el ambiente poético está matizado por el arribo de una nocturnidad[1], perfectamente simbólica. Pero es en la decodificación del símbolo donde comienzan los problemas: Quasimodo no ha actuado como su coterráneo Ungaretti, quien señalaba la mayoría de las veces el sentido hacia el cual debían dirigirse los intentos interpretativos. Quasimodo calla, y ese silencio multiplica las posibilidades del propio texto para ser asimilado o completado con aquellas interpretaciones que sean afines a la inteligencia y a la experiencia personal del lector. Lo nocturno –también relacionado con la decadencia del día- sobreviene luego de la declaración de soledad: “ognuno sta solo sul cuoro della terra”, y es aquí donde interviene la inserción de un plano de negatividad, que surge como resultado del triunfo de lo negativo sobre lo positivo (ausente). Quasimodo nos presenta un plano agónico, donde le interesa sólo resaltar el triunfo de la negatividad sin presentarnos su opuesto, aunque se palpe. Esto funciona del mismo modo en un poema como “La notte d’inverno”. Todas las imágenes de éste están conectadas en el mismo campo semántico, todas guardan una estrecha relación, y en todas se enuncia una circunstancia de separación, de nostalgia, que alcanzan su apoyatura en la descripción de un paisaje cargado de tristeza. El componente natural es pretexto, y se identifica con el componente subjetivo, con los estados de ánimo. Se pasa de la descripción paisajística hacia la lamentación del destino, en este caso, del destino del partenaire lírico (potencialmente evocado). De todo esto puede hacerse resaltar un sentimiento que es determinante en la comprensión de la poética del escritor italiano: la pérdida poética que nuclea el discurso de Quasimodo, hasta tal punto que es imposible concebir el universo sin ese desgarramiento. Incluso en un poema como “Specchio”, donde parece que ha brotado la vida desde el tallo seco, que lo verde sepulta la sensación de inmovilidad, de olvido que poseía al tronco, se parte de una “noche” donde esto no existía, es decir, que el sentimiento de lo positivo que puede plantear este poema parte del agón entre dos realidades en continuo enfrentamiento, y he ahí la enunciación de lo paradójico. No me atrevería a decir que Quasimodo pone a funcionar todo el tiempo los mecanismos de la paradoja, de la oposición inmediata que abre caminos de una posibilidad infinita, y que esto lo inyecta a toda su poesía, pero sí me arriesgo a decir que en Quasimodo existe una continua pugna, donde sin lugar a dudas el lugar preponderante lo ocupa siempre el polo negativo, triunfante, y donde podemos ubicar perfectamente al poeta-sujeto lírico. 

En relación con la oscuridad, más allá de la que los propios versos destilan, por su carácter precisamente hermético, es menester señalar que las construcciones tropológicas coadyuvan a que lo Oscuro se imponga y ofrezca la visión de fatalidad, manejando también la opción del contraste con una supuesta “luz”, ausente muchas veces. Oscuridad asociada con lo lúgubre, con lo sombrío, con la carencia de algo, con el dolor[2]. En “Nessuno”, Quasimodo confiesa ser el niño (y véase que en ello resume las cualidades de los infantes: inocencia, capacidad de observación, pero también de incomprensión de lo que le rodea, y del mismo modo, indefensión), y es un niño a quien la muerte va a salvar de todas las criaturas. Desde el punto de vista del sujeto, la muerte es concebida como privilegio, como vehículo de escape, en contraste con el horror existencialista. De esta manera, la muerte vendrá a librar al niño de todas las criaturas, porque en todas las criaturas está la tristeza. Es una concepción fatalista: el mundo es un ente triste, y la posibilidad del Más Allá es la salida.[3] Pero ¿por qué sucede esto? Lo dice el hablante: porque “no hay dones”. Y luego nos dice que “las calles son oscuras”. Elementos que se imbrican: la negación (“no hay dones”, “ya no hay ninguno”) y la oscuridad. 

niños-fidelio ponce de león

Quasimodo asume la muerte tal y como lo hace Walt Whitman. Si nos detenemos en el poema “Lettera alla madre”, podemos constatar lo que decimos. La madre de la que habla es la muerte, donde se la trata como “muerte de piedad”, “muerte de pudor”, como “querida”, “dulcissima mater”… Para los que han seguido de cerca la poética del norteamericano, del mismo modo habla el pájaro eremita en “When Lilacs Last In The Dooryard Bloom’d”. Paralelamente, el instante de la muerte es entendido en ambos poetas como momento de sublimidad, pero en Quasimodo sucede que la muerte casi siempre es personificada. Rodeado de un ambiente que destilaba muerte por doquier, y sumido en una desconsoladora tristeza –manifiesta en sus composiciones–, el  poeta italiano canta de formas distintas a la muerte: unas veces la alaba como remedio a la tortuosa existencia, otras habla de “la muerte que ha venido a destruir” (noción de la muerte destructora)[4]. Pero es esta la misma muerte de la que no se puede desligar el “hombre de su tiempo”. Definición de la naturaleza humana, que a la larga fustiga. Esa capacidad de destrucción del ser contemporáneo aparece en “Uomo del mio tempo”, pero es la consecuencia del carácter exterminador del propio ser (“Hai ucciso ancora,/ come sempre, come uccisero i padri, come uccisero/ gli animali che ti videro per la prima volta.”) A este espíritu se contrapone algún destino individual, el del yo lírico que habla desde “Di fresca donna riversa in mezzo ai fiori”. En este poema, el espacio, perfectamente evocado, aunque impreciso (como todo funcionalmente estético espacio poético, por lo menos en mi gusto) complementa la noción sobre el status después de la muerte. Sin embargo, y volviendo a “Lettera alla madre”, sucede que a pesar de la evocación o alabanza, la anulación que la muerte provoca no le es conveniente (“non tocare lòrologio in cucina che batte sopra il muro/ tutta la mia infanzia è passata sullo smalto/ del suo quadrante, su quei fiori dipinti”), y lo que siente es una especie de lástima, toda vez que ha personificado, ha transportado a la muerte al plano de la humanidad. La muerte puede ser entendida, más que éxtasis, como un ente omnipresente, ubicuo. Incluso, pensando en que otro de los elementos que pueden caracterizar la poética de Quasimodo es la ilusión, es decir, la imagen poética como ilusión, centrando el discurso, toda vez que muchas veces el sujeto parece imaginar, re-crearse en un mundo inventado (¿influencia del surrealismo, y de otras manifestaciones de vanguardia?[5]), la muerte puede ser incluida en esta vertiente, en esta videncia poética que aúna la capacidad intuitiva y totalizadora del sujeto lírico. 

El Quasimodo de “L’Angelo” alcanza un erotismo de altos quilates. Precisamente puede devenir como ejemplo de la supuesta “ilusión” a la que hacíamos referencia con anterioridad. El ángel es un símbolo que no admite una decodificación orientada; el espacio es totalmente irreal (para la realidad objetiva), lo que puede pensarse en un momento del sueño o en un instante después de la muerte; las figuras, las formas que se adoptan revelan una afectación deliciosa… El anuncio final de la posesión es quizás lo más oscuro del poema, pero también lo definitivo, síntesis y muestra de una poética hermética, escurridiza, pero a la vez cargada de todo lo que hoy busca la poesía de nuestro tiempo.

Salvatore Quasimodo  

 


[1] Es importante hacer resaltar la no correspondencia en italiano entre los términos sera y notte, pero que en español se relacionan con el advenimiento de lo nocturno, pues en italiano la tarde se denomina con otro término.

[2] En este enunciado podría contradecirme si analizo un poema como “E la tua vesta è bianca”, en mi criterio de un erotismo encantador, fino, depurado, con el que Quasimodo nos demuestra que ha aprendido de la poesía pura la forma elegante de comunicarnos una esencia poética a través de la carga semántica que cada palabra asume. En este poema de una rara claridad, como en un espejismo, el sujeto alude a una imagen donde confluyen deseo, idealización y una especie de sublimidad, complementadas por las figuras de la naturaleza como entes envolventes en la ambientación lírica. Pero aun aquí Quasimodo no escapa de su afán de representación de la pérdida: ha sucedido una pérdida del tiempo poético, que trae consigo esta desesperada imaginación, lo que conduce a que pueda interpretarse este poema como, efectivamente, una ilusión.

[3] Véase que la creación y la vida personal de Quasimodo están muy vinculadas con la tradición cristiana, que está latiendo siempre en su poesía, a veces a la manera de alusiones simbólicas (“L’Angelo”) y otras por medio de evocaciones o apóstrofes (a veces interpelaciones) como en el poema que trabajamos, “Nessuno”.

[4] Podría verse el compromiso de Quasimodo con su tiempo, toda vez que en varios poemas refleja la realidad que se vivía, realidad dolorosa la mayor parte de las veces, como en el desgarrador poema, que más parece una pintura de desolación, titulado “Milano, agosto 1943”.

[5] De seguro que algo de esto viene de la poesía pura, sobre todo en la selección de temas.

Anuncios

~ por Félix Hangelini en mayo 30, 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: