EXISTO CON SUFICIENTE LIBERTAD

Existo con suficiente libertad en la imaginación de quien no me piensa.
Aquel que pasó por mi vida o a cuya vida me asomé por un instante,
aquel que ya no recuerda ese minuto en que cubrí cualquier ángulo de su visión
y es mi más digno semejante.
Si desconoce cuánto estoy recordándolo desde esta blanda soledad
(en un plácido sitio conveniente),
si sonríe con una sonrisa similar a aquellas tardes secretas
en que mi mente congeló el estricto decir
sobre el año y las cosas,
si en el laberíntico espectáculo
en que estoy sentado -un mero espectador-
siendo la más oscura de las partes
aquella donde el otro que no me recuerda desliza una servilleta con mi nombre
al de la mesa más próxima
para alojar una noche y ser…
Si cada palabra que con temor poseo
multiplicara la forma en que pierde la imaginación
esa figura de belleza que sin querer deseamos.
Mas yo existo con una libertad pura e imparable, como un engendro humano
en un pensamiento que no me cuenta,
en una vida que me rehúye,
en un vacío donde hoy y siempre soy un punto de turbia inmensidad.

 

***Félix Hangelini, 2005.

~ por Félix Hangelini en julio 21, 2008.

4 comentarios to “EXISTO CON SUFICIENTE LIBERTAD”

  1. “Muy Bello”….

  2. Coincido: es muy bello el poema.
    En la imaginación de quien te piensa, sin embargo, eres un esclavo y haces lo que esa imaginación quiere.

  3. En efecto, no hay libertad en la imaginación de quien te piensa… uno se encierra en patrones, en estereotipos, paradigmas; en la moralidad, el deber-ser, en el prejuicio (positivo y negativo)… en fin, que uno no puede hacer nada desde esa posición de indefensión.
    Pero es hermoso saber con qué libertad se mueve uno por aquellas mentes que visitó un día, a veces sin saberlo, y también de qué modo uno deja una huella (pequeña, grande, inmediata, futura, sin medida exacta) que probablemente nunca verá…
    Es curioso… verdad?

  4. Me siento triste, incompleto…
    Tu cordillera volcánica
    ya no me nombra en la pasión.
    Se extinguió la tradición entre los dos
    y rige ahora la atroz indiferencia.
    Cuando te miro no te distingo
    pero veo a ese otro yo
    aferrado a tu sadismo y tiemblo…
    Me siento enfermo, perdido…

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